El pragmatismo derrotó al Albacete
El Deportivo apuntaló a los manchegos con goles de Scaloni y Luque

Querer es poder para los niños y el refranero. En el fútbol, poder cuesta dinero. El Albacete lo sabe, porque un Depor pragmático se lo recordó ayer. El instinto gregario albaceteño emboscó, de salida, al pretencioso once coruñés (Valerón, Fran, Luque, Tristán...). El Deportivo, enrarecido por las bajas, asignó un sudoroso rol a Fran, a quien se alegró de encontrar en el once Valerón porque en Carreira, como en Arguineguín, siguen jugando al fútbol para divertirse. Los manchegos cargaban el juego por su izquierda, carril que Peña trabajó ante la distraída cobertura de Scaloni, orillado a la derecha por la baja de Víctor, víctima del mal estomacal que afecta a la Liga (Ronaldo, Beckham...). Al fondo del pasillo Héctor, presunto inocente, deshacía el entuerto. Aranda y Pacheco evidenciaban que la necesidad es más persuasiva que la obligación.
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Calidad vs. empeño. El Deportivo amaneció la segunda parte en el área manchega. Fran, su quaterback, pasaba más tiempo en Albacete que en Coruña, lo que agradeció Valerón, el playmaker. Aranda encontró una fi sura a la espalda de César, que Andrade reparó con buenas coberturas y el encuentro se aceleró. Entonces Valerón dibujó un slalom tras aladrillar una pared con Tristán. El remate fue rechazado por Almunia y la pelota cayó a pies de Scaloni, a quien el entusiasmo empuja a misiones indescifrables. El argentino abrió el marcador con mucha sangre fría. Aún se relamía el Alba la herida cuando Valerón clavó otro puñal a la espalda de la zaga local. Allí compareció Tristán, cansado de no poder madrugar el primer palo a Pablo. El sevillano intercambió los papeles con Luque y el catalán apuntilló a los manchegos.
La obligación vencía a la necesidad. La calidad, al empeño. Un penalti simulado por Aranda pareció revivir a los pupilos del lacrimógeno Ferrando. Sin embargo, Molina acertó y, de camino, escribió el epitafi o albaceteño. La entrada de David Sánchez, Fabiano y Mikel, sólo sirvió para afi lar el gesto amargo de un Albacete voluntarioso, al que tumbó el pragmatismo deportivista.