Tommy, al rescate
La República Checa y España firmaron tablas en la primera jornada, con victorias de sus respectivos números uno, Jiri Novak y Tommy Robredo.


En el DNI del chico de Hostalric que hoy es el enemigo público número uno del tenis checo, el nombre que reza es Tommy: tal que así. Y es tal que así, porque su padre, un fanático de The Who y de la ópera rock de Pete Townshend, no se cortó un pelo (de Townshend, claro) a la hora de bautizar al muchacho. Es como si alguno que yo me sé le pone a su hijo Ronie o Zinedine. Hoy, Tommy Robredo admite que jamás ha escuchado la historia pop de Tommy, y Townshend es un viejo verde empapelado por pornografía. Pero el Tommy de los Robredo sobrevivió a una batalla deportiva que no desmerece a las del Tommy de Townshend.
Los checos pueden parecer plantígrados y tener los pies tan planos como los golpes, pero no se cortan a la hora de preparar encerronas como ésta de Brno: una pista de moqueta taraflex en la que la bola baja, aplomada, en busca del tobillo del rival. Si encima, esa bola, la extraña Wilson del US Open, parece un pelín deshinchada (lo dice Robredo, no un servidor), está claro que los checos no son tan planos y que tienen un plan: bajar a los españolitos a los infiernos de goma amacizada donde vuela esa bola pesadísima, nada del liftado y el topspin que quieren los de la Armada española.
La trampa engulló al nuevo wonder child o chiquillo maravilloso de esa Armada: Rafa Nadal. En Auckland, el juego alto de Nadal se había revelado de lo más incómodo para Novak, un metro noventa de verdad, que gobierna su saque entre 195 y 205 km/hora. En Brno, entre la goma, las bolas y los papirotazos del gigante, los golpes de vuelta de Nadal apenas subían de la cintura de Novak, que será checo, pero no tonto: reside en Montecarlo. Aunque el chiquillo de Manacor corrió kilómetros de lado a lado, todas sus piernas y sus recursos no servían en la planicie, el reino plano de goma roja y de los trancazos de Novak.
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Esparto. Y con el 1-0 para Chequia, lamiendo el drama, apareció Tommy ante un checo tan plano como un adoquín: Stepanek. No sé por qué, pero Stepanek me recuerda la palabra esparto. Una compañera intentaba ver oscuras intenciones en el rictus de labios y las entradas de cabello ralo del checo plano. ¿Serían así los malvados Primo Kevin y Tío Ernie que fastidiaban la vida al Tommy de Townshend? A los saques aviesos y los golpes-trampa de Stepanek, Tommy respondió con la felicidad de un tenis de alta escuela. Stepanek tiraba de esparto. Y a veces, el revés de Robredo recordaba el tiro de Sampras.
El dibujo y la emoción de Robredo siempre fue por delante sobrevivieron a la confusión general y a dos feroces muertes súbitas. Stepanek se aplanó y al fin, Robredo vio la luz: como Tommy, como España.