Copa del Rey | Alavés 1 - Zaragoza 1

Empate menor

El bravo Alavés fue mejor en la primera parte y Savio salvó los muebles al final. Los maños respiraron con Movilla y Dani

<b>CANI NO BRILLÓ.</b> La presión del Alavés (Iván Alonso y Sietes en la imagen) no permitió al canterano lucir como en otras ocasiones.
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Mordió tanto el Alavés durante 89 minutos que se olvidó de hacerlo en el último. Entonces apareció la calidad de Primera, la dupla Villa-Savio, para darle al Zaragoza un resultado muy jugoso para la vuelta en la Romareda. Al Alavés le bastaron tres minutos de partido para demostrar que sí estaba metido en una semifinal de Copa, pura historia para los vitorianos; con Téllez en plan sube y baja, Pablo organizando y los Alonso, Iván y Edu, desbordando por las bandas.

Mientras, el Zaragoza sesteando y tratando de quitarse el sueño de encima. El gol de Vucko fue el mejor ejemplo del desaguisado maño. Enésima pérdida de balón, centro de Edu Alonso desde la derecha, Iván que le gana la espalda a Ferrón y el croata que se mete entre Álvaro y Milito, meros espectadores de un remate de cabeza a dos metros de Láinez. ¿Quién era el equipo de Primera? Sin duda, los suplentes del Alavés. No fue un baño en ocasiones de gol, pero lo fue en actitud, potencia física y sentido vertical del juego.

El Zaragoza no encontró jamás a sus mejores jugadores, lamentablemente tirados a las bandas, como Savio y Cani. Ni Cuartero ni Generelo están capacitados para crear y Víctor lo situó ahí, en el lugar elegido para que sea Movilla el salvador del Titanic maño.

Mel se despreocupó de otra cosa que no fuera mantener en sus futbolistas el carácter del inicio. Con eso le bastaba para mantener al Zaragoza a raya y sin conocer qué tal se le da eso de parar a Juan Pablo. La primera y única llegada de peligro visitante se hizo esperar hasta el minuto 44. Fue tras una falta lanzada por Savio que Milito cabeceó alto. De las manos de Juan Pablo no hubo noticia. Víctor hizo debutar a Movilla tras el descanso. Su sola presencia le dio unas alas al Zaragoza minutos antes insospechada.

Cuatro gritos (sin tocar balón) bastaron para que el oficio maño subiera muchos enteros. A Villa le quitaron a Drulic y se vio como liberado. Este asturiano es tan llanero solitario que se siente angustiado cuando le ponen a un compañero cerca. A los cuatro de la reanudación se inventó un no se qué, permitiéndole a Cani marcar desde cerca. A punto estuvo, pero no era definitivamente su noche.

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El influjo de Movilla despertó al monstruo que Téllez lleva dentro. Gritó el central y su Alavés volvió a venirse arriba, casi al mismo tiempo que Movilla demostraba que todavía no está en plenitud. Aun así, los vitorianos no volvieron a inquietar a Láinez, quizá sólo un tirito lejano de esos que llegan botando.

Calidad final. Debutó Dani García Lara. Víctor se fue a por el partido y entonces encontró a un Alavés muy cansado, con Turiel expulsado decisivamente a un cuarto de hora del final, y ya con Romo en la ducha con la nariz en el Buesa Arena. Pero Villa seguía en sus trece, a lo Tamudo, solo ante el peligro. Y cuando el minuto noventa asomaba, el contragolpe del Zaragoza, el único claro en todo el partido. El guaje se la regaló a Savio, que casi la falla en boca de gol. Empate, bronca con los maños de la grada y la sensación de que el Zaragoza tiene medio pie en su décima fi nal de Copa del Rey.

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