La Davis no es para los cobardes
Nuestros tenistas que tanta admiración nos despiertan de lo buenísimos que son, que les elevamos a los altares cuando ganaron la Davis, también nos levantan suspicacias cuando llegan ciertas eliminatorias. Es un hecho que Moyá y Corretja dieron la espantada en 1999 cuando nos tocó jugar en Nueva Zelanda por la permanencia y es un hecho también que el rendimiento de nuestros tenistas baja una enormidad cuando juegan fuera. No ganamos una eliminatoria fuera precisamente desde aquella de Nueva Zelanda. Fuimos a Holanda en 2001 y perdimos, fuimos a EE UU en 2002 y perdimos, fuimos a Australia el año pasado y perdimos.
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Jugar la Davis fuera de casa es un engorro. El ambiente es desagradable y la pista, la peor que nos va. Como hacemos con nuestros rivales cuando les recibimos. Por eso no es de extrañar que haya jugadores que se quieran quitar de en medio. Santana, que es alguien en el mundo del tenis y se conoce a todos los jugadores, tiene sus sospechas. No es lógico llevar a Chequia un equipo formado por cuatro noveles y que no pueden presentar peor palmarés en la Davis: cuatro partidos, cuatro derrotas. Resulta que Moyá, tres semanas después de querer jugar en Australia, ha empeorado de su lesión, y que Corretja y Costa están desaparecidos.
No es que Corretja y Costa garantizasen nada en Chequia, pero uno ganó a Verkerk, verdugo de Moyá en Roland Garros y finalista, y otro a Robredo, que sí va a la Davis, en los torneos australianos de enero. O sea, que muy mal no están. A primera vista, mejor que López, quien aún no ha ganado ningún partido este año. Es evidente que ha habido una apuesta de futuro, que no es mala, pero también gente que se ha quitado de en medio, lo cual sí es malo. Toda la responsabilidad recae, por tanto, en cuatro chavales a los que sus propios compañeros mandan al patíbulo. Pero ¡ah, como ganen! Que ningún cobarde ose volver a reivindicar un sitio en la Davis.
