El enemigo público número uno
Su hobby son el fútbol y los caballos, pero su mayor pasión es la provocación. La definición de canchero encaja en su cuerpo a la perfección. "Al negro le encantan estos líos, es feliz así...", comentaba con una sonrisa en la boca su representante Daniel Delgado minutos más tarde de que Manuel Ruiz de Lopera lo calificara de borrachín después de que Darío se mofara del Betis en su presentación como nuevo jugador sevillista. Darío Debray Silva es, sin duda, el enemigo número uno cuando está en un terreno de juego. "Es el futbolista que uno siempre quiere tener en su equipo", dijo cuando llegó a Sevilla su compañero Esteban, con quien mantuvo algunos roces muy calientes. La vida para él no tiene sentido sin velocidad, sin que siempre venga cargada de enormes dosis de adrenalina. Su pasión por la velocidad la traslada a su forma de entender la vida. Provocar o morir, alertar o desaparecer... No sabe caminar a menos de 200 por hora. Llegó en 1999 a España para jugar en el Espanyol, pero donde acumuló fama fue en Málaga. Allí protagonizó sus momentos estelares: se tiñó de rubio, quiso jugar en el filial al no ser un fijo de Peiró, acudía a los entrenamientos con un chófer, lució tras un gol una camiseta del Partido Andalucista, levantó al Madrid en armas al llamar a Guti nenaza. Sus números nunca han sido espectaculares, pero su mirada impone respeto. Es Darío Silva, el loco más listo del fútbol.