Ni seguridad ni plan de emergencia
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Lo veo y no lo creo. Me refiero a las imágenes del incidente en la grada de El Madrigal. Es como para quitarte el sueño para un mes. Primero: ¿Cómo es posible que en la mejor Liga del mundo se caigan las vallas por la presión de cien (no más) enloquecidos hinchas? Segundo y más epatante: ¿Dos camillas viejas y cinco guardas jurados llevando heridos en volandas es todo el plan de emergencias que manejan el Villarreal y las autoridades locales para sucesos o catástrofes en el recinto? Resulta impresentable que el señor Llaneza (gerente del Villarreal) repitiera a pies de la escena del suceso que ha sido culpa de "estos salvajes", cuando "estos salvajes" sólo quisieron jalear con más o menos frenesí a su goleador Raducanu. No es suficiente para que se merezcan un accidente tan grave.
La Policía judicial comenzó ayer la investigación para comprobar si las vallas se anclaron para soportar mareas de público o para ver partidas de ajedrez. En el espectáculo del fútbol hay que estar alerta ante todos los imprevistos y uno de ellos es que una peña espanyolista, o de donde sea, se abalance sobre la valla emocionada por una victoria. Y, por descontado, cualquier club profesional (¿por qué sólo se exige a los grandes?) ha de disponer de un sistema de emergencias médicas rápido y operativo. En Villarreal no lo tenían. La Liga Profesional está obligada a repasar uno por uno los estadios españoles, ante la evidencia de que muchas cosas fallan en la seguridad del público. Y al señor Llaneza, un consejo: mejor hubiera estado calladito y colaborando.