Con el debido respeto
Figo provoca entre los aficionados un estado general de contradicción. A día de hoy no hay consenso sobre si su juego está bien, está mal, o todo lo contrario. Hagamos una encuesta y empatarán los que le elogian, los que le ponen pegas y los que le aborrecen. Hay de todo en la viña. Y es en este punto donde Figo siente desamparo. Aquí, de esta división de opiniones, surge la pizca de desamor que patea la conciencia del portugués. Claro, hace tres temporadas era el niño guapo del madridismo; el adalid de la victoria florentinista sobre el Barça; la distinción en un Real Madrid bastante plano. Pero hoy, el corazón de la grada y la crítica está dividido en trocitos galácticos y a Luis le queda ya muy poquito cariño en el reparto.
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No me atrevo a hablar de celos del portugués hacia las nuevas perlas de Florentino. Digamos que tiene cierto ataque de pelusilla. A nadie le gusta, es natural, que le levanten de la portada de la revista oficial del club para meter la foto del bello Beckham. Y así en todas. Hasta hace poco Figo era el number one de la plantilla. Hoy es el number four, poco más o menos. A Figo este descenso en el escalafón se le ha atragantado al considerarlo injusto por méritos adquiridos. Aquí volvemos al principio del artículo: ¿El portugués es o ya no es un galáctico?
Pues sí es un galáctico. Hay razones: cambió el rumbo futbolístico del Madrid con su llegada, ha dado la cara por el equipo en territorios hostiles, trabaja a destajo, asiste como nadie en boca de gol, pone un punto de sabiduría en el vestuario... No me olvido (y quien suscribe siempre fue muy crítico en esto) de que a sus 31 años ya no dribla como el día que llegó al Bernabéu, pero eliminar de un plumazo otros méritos no sería justo. Valoremos a Figo con el debido respeto.