Yo digo Víctor Fernández

Agua para el sofocón

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La noche no fue todo lo feliz que se esperaba. La marcha de Reyes al Arsenal, horas antes de certificar el paso a las semifinales de la Copa, nubló la felicidad de muchos sevillistas que llevan soñando con una final desde el 4-0 de la ida. Aunque la clasificación sí supuso un vaso de agua fresquita para aplacar el sofocón que muchos se han llevado en el barrio de Nervión. Con el efecto Reyes aún en el cuerpo, el equipo logró rematar la faena y colarse (23 años después) en unas semifinales de la Copa. Los consejeros se llevaron un rosario al Calderón para suplicar a todo lo divino que el equipo no tropezara. Un error, con Reyes en Londres, hubiera provocado que algunos dirigentes pidieran la nacionalidad china para esconderse durante algunos años. Reyes es ya historia, y las semifinales, un bonito presente.

Nadie duda que la gestión económica ha sido más que rentable, pero es triste que la bandera del salto de calidad esté ya muy lejos. No era lo prometido. Es algo así como si el pobrecito se compra un Mercedes y después de ronear por el pueblo lo lleva al concesionario para devolverlo. El equipo tendrá la posibilidad de ilusionarse con meterse en la final de Copa, hacer historia y ocultar la fuga de la joya de la cantera. Por cierto, no me gustaría estar en el pellejo de Antonio López, a quien le ha quedado un duro papelito: sustituir a Reyes.

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