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"Me hice ‘cinco’ para tocar balón"

La titularidad es la última estación del largo y complicado camino de Duscher

<b>UN TÍMIDO MUY FIERO</B>. El introvertido Duscher de fuera del campo no tiene nada que ver con el jugador de garra y pelea que aparece cuando salta al césped
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Aunque el cinco por excelencia sea el uruguayo Obdulio Varela, es Argentina quien tiene la patente de los medio centros o centrojás. Desde el inolvidable Pipo Rossi hasta el reciente Redondo, son muchos los argentinos que han ocupado esa demarcación con notable éxito. El deportivista Duscher es el último en incorporarse a esta nómina. Sin embargo, Aldo no nació ‘cinco’: "Con siete u ocho años jugaba de nueve, pero me hice centrojás para tocar balón". Duscher cumplió los anhelos de su padre, "que fue futbolista allá en la Argentina y aún juega en la Liga de veteranos. Quería llevarme a probar a un equipo de Primera y dio la casualidad que Newell’s hizo una gira por el sur. Entonces me probaron y luego viajé a Rosario para hacerme la última prueba. Allí empezó todo". Aldo cogió las maletas y salió de Esquel rumbo a Rosario, una gran ciudad. "Fue un cambio difícil, porque cambiaba de vida completamente. Desde los 15 años he vivido solo". Pero hubo un hecho que le ayudó: "Pekerman me convocó con 15 años para la Sub-17 y luego fui al Sudamericano de Perú y a un Mundial. Me ayudó mucho, pero nunca dejé de estudiar. Estaba en el camino, pero podía quedarme y por eso prioricé el asunto de los estudios".

Madurar a la fuerza. Allí, en las inferiores albicelestes, alternó con sus ídolos: "Zanetti, Redondo, Crespo... Cuando faltaba algún jugador de la absoluta, nos subían a jugar con ellos. Aprendí mucho observándoles". En Newell’s las circunstancias le obligaron a madurar a marchas forzadas: "Yo era un pibe de 17 años que peleaba porque su equipo no descendiera mientras 40.000 personas me exigían como a un veterano. En Argentina, si un equipo baja, crucifican a los jugadores". La situación económica del club ‘leproso’ no era boyante y unos empresarios compraron su pase. Entonces su técnico en el conjunto rosarino se lo llevó a Portugal al Sporting de Lisboa. Un fútbol nuevo, una vieja costumbre: la presión. Llegaba a un grande que acumulaba 18 años de sequía de títulos. "Al principio me costó un poco adaptarme. El fútbol europeo es más exigente, porque hay más presión e incide en el contacto. El Sporting me enseñó a dominar la presión. Estuve dos años y salimos campeones en ambos. Fue una grata experiencia".

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Antes de surgir la posibilidad de ir al Deportivo, estuvo muy cerca de emigrar a Italia: "En diciembre vino un equipo a por mí, pero el Sporting descartó el traspaso. Luego, al concluir la temporada, apareció el Deportivo y los dos equipos arreglaron pronto por mucha plata".

Cuando aterrizó en Riazor, se encontró con un vestuario saturado de medio centros (Mauro, Emerson, Sampaio, Jokanovic...). Una operación complicó su arranque, pero el inexorable paso del tiempo le ha descubierto como el jugador que es: el hombre al que Mauro Silva ha entregado el testigo en la medular blanquiazul. Duscher le resta importancia, prefiere seguir divirtiéndose. "Soy un privilegiado que trabaja en lo que le gusta". ¿Y luego? "Argentina, seguro. Newell’s es un sentimiento, pero desde chico siempre fui de Boca. Me gustaría acabar jugando allá".

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