Un origen remoto
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El Código Da Vinci, el best seller de Dan Brown, se parece en su trama a otro thriller del mismo autor: Angeles y Demonios. En ambas novelas, Brown rastrea el hilo de sectas iluminadas que controlan misterios o crímenes. En el dopaje de la RDA, Brown y su ficticio experto de Harvard, Robert Langdon no hubieran tenido que romperse la cabeza: todo nació cuando los nazis, los Illuminati de Hitler, gobernaban Alemania. ¿Cómo fue posible...? En 1945, el Ejército Rojo pasó de estampida por Alemania Oriental y el Tío Pepe Stalin se quedó con Prusia, Pomerania y la madre que lo parió.
Pero los hombres que iban a gobernar esa Alemania Democrática no podían ser rusos, sino alemanes. ¿Dónde estaba el 90% de los alemanes entre 1933 y 1945? En el Partido Nazi. ¿Qué movía al partido nazi? La obediencia ciega y el culto al jefe, como quería Stalin... y algo tanto o más potente: el Dianabol, el anabolizante que ya usaban las divisiones de asalto de Hitler. Un hombre organizó el dopaje en la RDA: el ya fallecido Manfred Ewald, ex miembro de las Juventudes Hitlerianas y del Partido Nacional Socialista. Ewald elaboró sus cuadros con sus amigos de los viejos tiempos. Montó la distribución de las píldoras de Dianabol, las Escuelas Deportivas y los túneles de viento. Un Pueblo y un Imperio: el Deporte.
