España ganó a Suiza con un mal partido
Remontó tres goles al final gracias a Juanín, que resultó decisivo


El supuesto baño balsámico que esperaba a España se convirtió en friegas de alcohol sobre llagas frescas. Puro martirio. Tras el partido con Suiza se llegó a hablar de ridículo: "Los jugadores no tuvieron los diez días de descanso deseados antes de la concentración", explica Argilés, "con este mismo equipo hace dos meses en la Supercopa brillamos en el juego colectivo. Ahora, nuestro sistema nervioso está alterado. La sensación de luchar contra corriente es nueva en este grupo de jóvenes y eso bloquea el cerebro, lo que convierte a algunos en primitivos".
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Hablemos claro. Suiza es la peor selección superviviente en Eslovenia y no ganó porque no dio más de sí. España se lo puso a huevo. Su siete inicial se mantuvo en pista varios minutos y luego llegaron los cambios, con multitud de combinaciones. Ninguna funcionó. El pivote no existió en el juego de ataque, ni un lanzamiento en todo el partido. Terrorífico. La primera línea volvió a claudicar. Falta un director, a Alberto Entrerríos se le ve apagado e Iker Romero fue cañón ante Portugal y escopeta de feria desde entonces. Salvaron la cara Juanín García y Hombrados con paradas de mérito.
Suiza fue arriba en el marcador: 8-11, 16-19, 19-22... y tercer penalti fallado por España. Entonces Juanín puso los atributos sobre la mesa y la Selección torció el gesto por puro sufrimiento. Empate a 23. Gol suizo (23-24) y fallo de Belaustegui; pero Hernández coge el rechace por las nubes, con garra, entre dos defensores más altos que él y marca: 24-24. Ese gesto, esa jugada, más Juanín, le dieron el triunfo a España. Y punto. Veremos hoy qué pasa.