La fidelidad de Caparrós no tiene precio
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Los sevillistas no podrán valorar jamás lo que Joaquín Caparrós está haciendo en el Sevilla. Mejor dicho, algún día lo entenderán, pero cuando este currante utrerano esté lejos de la entidad sevillista. Muchos dirán, ¿y esto a qué viene ahora? Se lo explico. Reyes es, sin duda, el gran símbolo del Sevilla. La pieza sobre la que estaba previsto que girara el proyecto del Centenario... y se ha esfumado. Y se ha ido de forma fugaz, casi de la noche a la mañana, porque los que daban la guita así lo exigían.
Todo horas antes de jugar unos cuartos de final de la Copa del Rey y en las fechas previas a armar el gran combate de semifinales que hiciera histórica la presencia del Sevilla en la final. Sin olvidarnos de la segunda vuelta del campeonato, en la que los sevillistas también habían depositado mucha confianza. ¿Se imaginan lo que hubiera dicho alguno de los parlanchines que se sientan en los banquillos acorazados en su fama si le quitan a su crack a mitad de temporada? Pues bien, Caparrós ni ha abierto la boca. El técnico se ha mordido la lengua y ha asumido la decisión que ha tomado el Consejo. Las exigencias siguen siendo las mismas, pero ahora sin Reyes. Jamás ha llevado la contraria a una decisión que tomara el club, a pesar de que estuviera por encima de sus intereses personales. Caparrós es el Sevilla y este nuevo proyecto que Del Nido tiene en mente no sería posible sin su fidelidad. Tanto para él como para Monchi y Del Nido lo fácil hubiera sido no vender al jugador y hacer pública la oferta para recibir el aplauso de la afición. Las cantidades eran irrechazables. Adelante con la aventura. Por cierto, hoy hay Copa.