Los jugadores lituanos son pata negra
El fenómeno Macijauskas obliga a una reflexión sobre el baloncesto lituano y, sobre todo, por su autoridad en el baloncesto español. Macijauskas es un jugador que asombra por su eficacia. Está en la línea de todos los compatriotas suyos que han pasado por aquí: Chomicius, Kurtinaitis, Sabonis, Karnisovas, Timinskas, Stombergas, Jasikevicius y Slanina, éste actualmente en el Caja San Fernando. Pata negra todos ellos. ¿Es que a España sólo llegan sus mejores jugadores, lo cual sería de celebrar? ¿Es que no hay un lituano malo en baloncesto? Pues a lo mejor es esto. Lituania en baloncesto es como Kenia en las carreras de fondo.
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Lituania tiene cuatro millones de habitantes. Esos cuatro millones le dan el 26º puesto europeo en cuanto a población. Con cuatro millones saca mejores jugadores que Rusia, que tiene 147 millones y es país que cuida el baloncesto. Y con cuatro millones es capaz también de hacer frente al equipo de Estados Unidos, cuyos 278 millones de habitantes viven precisamente en la meca del baloncesto. Lituania jugó contra Estados Unidos en los Juegos Olímpicos de Sydney y perdió por dos puntos, después de que Jasikevicius fallara un triple en el último segundo. O sea, que cuidado con Lituania a la hora de hablar de baloncesto.
Lo vemos con Macijauskas (ayer 26 puntos), lo vimos con Sabonis y Kurtinaitis, que hicieron campeón de todo al Madrid en los años 90, lo vimos con Karnisovas y Jasikevicius, que hicieron lo propio con el Barcelona en el cambio de siglo, lo vimos con Timinskas y Stombergas, que llevaron al Tau a la final de la Euroliga. A Chomicius le faltó equipo en el Fórum y en el CAI, como a Slanina en el Caja. Resultado de cuando pueden coincidir generacionalmente en el tiempo y se juntan en la selección: tres medallas olímpicas y campeones de Europa. Lituania tiene abiertas las puertas de nuestro baloncesto. Bienvenidos sean sus jugadores.
