El atletismo perdió a su último mito
A sus 85 años, Fanny Blankers-Koen, la 'holandesa voladora' ha muerto en la trinchera.

La muerte de Francina Blankers-Koen, la 'holandesa voladora', heroína de los Juegos Olímpicos de Londres-48, privó al atletismo de su último mito precisamente cuando el rey de los deportes pone cerco a muchos de sus ídolos que no pudieron resistir la tentación del dopaje.
A sus 85 años, Fanny Blankers-Koen, ha muerto en la trinchera. La mejor atleta femenina del siglo XX, como la distinguió la IAAF en 1999 junto con Carl Lewis en la rama masculina, estuvo asistiendo, hasta hace pocas semanas, a los actos protocolarios convocados por la Federación Internacional.
La 'mamá voladora' se lleva a la tumba el récord intacto de haber logrado cuatro medallas de oro en unos mismos Juegos, los de Londres (80 metros vallas, 100 y 200 metros lisos y relevo 4x100). Tenía entonces 30 años y era madre de dos hijos. Sólo Jesse Owens, entre los hombres, había logrado cuatro títulos, en Berlín-36.
La estadounidense Marion Jones se propuso en Sydney 2000 superar la gesta de Blankers-Koen pero, aunque terminó colgándose más medallas (cinco), no pudo pasar de tres oros. Las otras dos preseas fueron de bronce.
20 récords mundiales
Durante su carrera Blankers-Koen batió veinte récords mundiales en carreras de velocidad y de vallas, en salto de altura y de longitud y en pentatlón. Nacida en Amsterdam en 1918, participó con 18 años en los Juegos de Berlín'36, donde sólo obtuvo dos quintos puestos, en altura y 4x100.
Su mejor logro en la capital alemana, recordaba, fue obtener el autógrafo de Jesse Owens. Su explosión hubo de esperar hasta los Juegos de Londres-48, tras la interrupción de los Juegos por la II Guerra Mundial. Su salida explosiva le hizo muy pronto acreedora al sobrenombre de "la holandesa voladora". Por su facilidad para el salto fue llamada "la gacela blanca".
Siete récords mundiales fueron su tarjeta de presentación en el estadio de Wembley y pese a encontrarse en los primeros meses de su tercer embarazo, nadie pudo batirla. Once triunfos en ocho días. Había vencido en cuatro de las nueve finales del programa olímpico femenino.
Tropezó varias veces en la final de 80 metros vallas, pero su incomparable potencia le permitió alzarse con la victoria, igual que en 100 y 200 metros lisos. Antes de las semifinales de 200 comunicó a su marido y entrenador, Jan Blankers, su deseo de no salir. Se sentía demasiado presionada, empujada por el público a conseguir su tercer título. "Haz lo que quieras, pero tal vez te arrepientas", le dijo su esposo. Fanny ganó su serie con seis metros de ventaja y un nuevo récord olímpico de 24.3 segundos. En la final su margen fue de siete metros, el más amplio hasta entonces.
En el relevo 4x100, llevó al equipo holandés a conseguir un inesperado triunfo. Tomó el testigo en cuarto lugar y se comió, con su carrera impetuosa, a las tres atletas que la precedían. De no haber sido por los médicos, que desaconsejaron su participación en longitud debido a su estado de gravidez, tal vez su récord de medallas de oro sería de cinco.
"Demasiado mayor"
El mánager del equipo británico, Jack Crump, había escrito, antes de los Juegos, que Fanny era "demasiado mayor" para la velocidad.
Los holandeses tributaron a su heroína un recibimiento triunfal en Amsterdam durante su paseo en coche de caballos por el centro de la ciudad. Sus paisanos le obsequiaron con una bicicleta "para que no tuviera que correr demasiado" y en su honor fue erigida una estatua.
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En los Juegos de Helsinki-52, con 34 años, Blankers-Koen llegó a la final de 80 metros vallas pero, lesionada en una pierna, tropezó con los dos primeros obstáculos y hubo de abandonar la carrera.
Cinco títulos europeos entre 1945 y 1959 y 58 veces campeona de Holanda completaron el asombroso historial de una atleta que con 70 años todavía jugaba al tenis con regularidad.