Paseo entre pitos
España, con Iker Romero demoledor, tumbó a Portugal entre silbidos croatas.


La entrada ayer de la Selección a la pista de la Sala Tívoli recordó mucho al debut del jueves pasado. Un pabellón
infestado de croatas que vociferaban a favor de su equipo y silbaban a los españoles. "Les fastidia que ganemos y eso me encanta". El trallazo es de Iker Romero. "Después de la injusticia, ahora un triunfo en el campeonato tendrá más valor". El vitoriano respondió a los pitos croatas con palabras y con un brazo demoledor. Firmó 11 tantos (79% de acierto y 8/9 al descanso) que dejaron mudo al pabellón,
o casi; porque desde la grada se escuchaban los gritos
de algún infi ltrado español. Resiste garganta amiga. El partido era crucial para las esperanzas españolas. Cierto es que Portugal no es un coco y que la última vez que sorprendió a España fue en 1982. Ha llovido, sí; pero un resbalón después de caminar sobre aguas pantanosas, a la voz de recurso va y de recurso viene, hubiera sido un golpe mortal. César Argilés llegó al banquillo y miró de reojo
a su derecha, a la mesa, allí sentados estaban los dos ofi ciales técnicos de la EHF: el francés Brihault y el polaco Czerwinski, los mismos que perpetraron el atraco ante Croacia. Inmutables ambos, ¡vaya rostro!
Buen arranque. Más parecidos razonables. La Selección
arrancó el duelo con fuerza, con buenas combinaciones ofensivas, mucha fluidez... La diferencia es que esta vez lo hecho en la primera parte le valió el triunfo. Sin más. Luego sesteó y se reservó para la final de hoy ante Dinamarca. España empezó defendiendo en 5-1, con Chechu Fernández de avanzado para frenar las jugadas portuguesas, con incidencia en la zona central. El siete inicial se mantuvo en pista ininterrumpidamente los diez primeros minutos, hasta que llegó la primera exclusión.
Ventajas de dos, tres goles. Hasta que se destapó Iker Romero y el contraataque arrancó. Entre el lateral azulgrana y una bala llamada Juanín García acabaron con el partido. Anotaron ocho goles consecutivos y el marcador
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pasó de un 11-10 a un inalcanzable 19-12 al descanso.
Tras dos jornadas queda claro que España tiene primera línea. Un día es Belaustegui el que marca once tantos, al partido siguiente es Romero, al otro puede ser Entrerríos. El contraataque también funciona, pero faltan más goles desde los seis metros y una mejor defensa del pivote contrario. A la Selección le toca trabajar y jugar una final diaria. El sueño sigue vivo.