Debut con atraco
Un gol de Balic fuera de tiempo dio la victoria a Croacia ante la Selección.


A traco a las siete y media en la Sala Tívoli de la capital de Eslovenia. La ultrajada fue la Selección española,
como de costumbre. Cuando hay tribulaciones siempre se castiga al que no monta la marimorena.
¡Basta ya! Enfrente, claro, estaba Croacia, flamante campeona del mundo, y a los árbitros, los alemanes Lemme y Ullrich, y al delegado de la EHF, el francés Brihault, se les encogió el pito. En la grada había casi 2.000 croatas armando bulla, silbando, gritando; viviendo el partido
con ardor guerrero. Y a quienes tocaba decidir se les disiparon las dudas. Como para tenerlas. El gol de Ivano Balic desde doce metros, a saque de golpe franco y que supuso el 29-30 final, entró fuera de tiempo. Contundente.
Esto no es baloncesto. En el balonmano la pelota tiene
que entrar en la portería antes del pitido fi nal, lo que acaba con cualquier discusión. Fíjense, el encuentro había acabado y Balic todavía estaba en contacto con el balón. Pero las cosas son así, la televisión no decide finales
apretados, el reglamento no lo contempla. Entonces, sólo queda la valentía de los jueces, que por lo visto ayer es poca. Pabellón acorazado. Quizá en el Tívoli sobrevoló el fantasma de la final del Europeo de waterpolo del año pasado, celebrado precisamente en Eslovenia y que acabó en batalla campal. Los aficionados croatas no aceptaron la derrota y se lió. Por ese motivo, el Tívoli fue ayer un
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pabellón acorazado. Entre policías antidisturbios, con chalecos antibala que intimidaban y bien armados, y guardias de seguridad, los efectivos rondaban los 500 para un pabellón de unos 4.000 espectadores. Sin embargo, a los árbitros y a la mesa no les debió parecer sufi ciente.
Al margen del escándalo, hubo juego espectacular. La Selección lo bordó en la primera parte, con Belaustegui y Alberto Entrerríos ejerciendo de martillos pilones. El inicio de la segunda fue otro cantar. Coincidió con una exclusión de dos minutos de Belaustegui que venía arrastrada del primer periodo. España fue perdiendo terreno. No marcaba y dejaba huecos atrás porque jugó muchos minutos en inferioridad. Croacia empató (20-20) y se marchó (25-27). No, España no estaba muerta. Un gol de Juanín forzó la igualada a 29. El resto es historia.