Cuando el cómic es real
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Cuando pasen los años, este Australian Open será recordado como el Open del Doping. La onda expansiva del caso Rusedski ha sacudido en todo su esplendor a un torneo y a un circuito que se planteaban publicitariamente como de Superhéroes. Qué clarividencia: la campaña oficial de propaganda del Open australiano se había montado a base de caricaturas de cómic tamaño natural de todas las grandes estrellas, en las que los ases se recrean con musculazos, biceps y piernas cibernéticos. En el caso de la renunciada Serena Williams, la caricatura se parecía a un Conan de ébano. O a la novia de Hulk. Hasta Hewitt tenía musculitos. Mal año para hablar de Superhéroes.
Lo más curioso es que cuando la gente se mira de reojo en el vestuario, los trainers, y los entrenadores y la misma ATP analizan bioquímicamente hasta el último electrolito de Isostar o Gatorade, la culpa de todo parece tenerla... McEnroe, que de paso y sin quererlo, le ha echado una mano providencialísima a dos de sus peores rivales: el cocainómano confeso Bjorn Borg y el más genuino Terminator T-1000: Iván Lendl, el cuerpo más brutalmente esculpido que el tenis ha visto jamás, gracias a unos planes de alimentación y entrenamiento, que hubieran hecho volar a un elefante. En los años 80 no había controles... pero sí Superhéroes.
