Estudiantes, víctima de los nervios y el arbitraje
Escandalosa actuación del colegiado catalán Xavier Amorós, en favor del Girona. Indignación del público y descalificación del preparador madrileño.
Tres factores básicos para explicar el resultado. Primero: arbitraje descaradamente parcial de Xavier Amorós en favor del Girona. Segundo: inadecuada mentalización del Estudiantes, que se relajó cuando pudo sentenciar el partido, en el primer tiempo (varias ventajas de 9 puntos), y luego fue un manojo de nervios en el segundo, obsesionado con las zancadillas arbitrales. Tercero: mejoría evidente del equipo catalán respecto a su visita anterior a Madrid.
En menos de dos semanas Edu Torres ha hecho un trabajo
admirable. Actuaciones tan escandalosas como la Amorós ayer pueden resucitar algo que parecía desterrado: suspicacias con la región de origen de los colegiados.
Y en el caso de Amorós no es la primera vez que algo huele
a rancio cuando hay por medio un equipo catalán amenazado
de descenso. Anoche, en Vistalegre, el arbitraje cambió radicalmente el rumbo del partido.
El sabotaje comenzó con una ráfaga de metralleta en el minuto 24 (57-54). Falta clamorosamente injusta señalada a Carlos Jiménez (era la cuarta), técnica a Pepu Hernández por protestar (era la segunda, así que significaba la descalifi cación), cuatro tiros libres para Andy Panko y
posesión añadida para el Girona que Okulaja convierte en un
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triple. Jugada de siete puntos para el equipo catalán, que se pone por primera vez arriba (57-61). Estudiantes se desquicia, Amorós añade tres o cuatro injusticias
más y el partido se convierte en una farsa. En las gradas, indignación y clamor. ¿Habrá protesta oficial? El presidente estudiantil ironizaba: "Sí, pero no al comisario arbitral, sino al de policía. Esto ha sido un atraco a las siete". Pepu Hernández se contenía: "Pido disculpas por mis errores".
