La hora del sportinguismo
En cinco temporadas en Segunda División, el Sporting estuvo poco menos que arrastrándose entre sus deudas, con la intención de sobrevivir y soñar con volver a Primera. Sin embargo, el sueño se convirtió en una pesadilla, alimentada por la drogadicción de vanidad que el fútbol proporciona a los cargos, con un descontrol que tiene el sello de este deporte.
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Sin embargo, cuando menos se esperaba, con un sentido práctico puesto en marcha por el binomio compuesto por Eloy y Marcelino, que en su momento arrancó Rosendo Cabezas, la normalidad parece haber llegado al Sporting. Es la fórmula del éxito para una afición que está ansiosa por nadar hacia las cotas más altas, con la ilusión de volver a campos como el Santiago Bernabéu o Camp Nou.
Después de que muchos aficionados se rasgaran las vestiduras por los desmanes más insospechados, llegó por fin la hora del sportinguismo. Si fue complicado alcanzar las posiciones de ascenso, más difícil será mantenerse. En este aspecto, el respaldo de la afición será fundamental, por lo que es el momento de todos los que se tiraron del barco porque se había dado el timón a Marcelino tengan la valentía de reconocer su error y volver a dar la cara a favor de un equipo que esta temporada puede llevar a Asturias a Primera. El objetivo es cosa de muchos, no sólo de once.
