Yo digo Manuel Esteban

La fiesta de Ibagaza

Manolete
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Hacía tiempo que en el Calderón la gente no disfrutaba. Gracias a Ibagaza ante el Athletic se acostaron soñando con los años de alta calidad que han disfrutado siguiendo al Atlético. El secreto de la segunda parte tiene una explicación sencilla: hubo movilidad. El Niño y Nikolaidis no se automarcaban, Aguilera y Nano tenían el apoyo de Gaspar y Sergi. Lequi tenía la oportunidad de encontrar al Caño y evitar el pelotazo como recurso. El aficionado ha podido sacar pecho y no apelar a la suerte como argumento de la victoria. Cuando desapareció Schuster, los rojiblancos se quedaron huérfanos de una mente preclara que encontraran huecos imposibles de imaginar. Fútbol arte que entusiasma al Calderón

Manzano ha tenido que aprender una lección para el futuro. Cuando se asocian los peloteros el espectáculo está garantizado. La sintonía entre Ibagaza y el Niño tiene que ser mortal de necesidad. Sus asistencias son letales y la cifra goleadora tiene que subir como la espuma. Lo que se tiene que aparcar para siempre es la mediocridad y enterrar esa imagen de sufridores que nos han colocado. Somos centenarios y hemos paladeado fútbol de gente como Collar, Ben Barek, Silva, Leivinha, Schuster, Peiró, Heredia, Ufarte, Gárate, Luis... que está reservado para los paladares más exquisitos. Todo lo que sea ganar y que la grada vibre es asegurar la lucha con la élite.

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