Guerrero silenció a Riazor con su gol
El Racing arrancó un empate y mandó dos disparos a la madera

En Riazor se escucha todo. Desde que los Riazor Blues se disolvieron, parece un convento. La tarde de ayer comenzó con música, la de La Cabalgata de las Walkirias de Wagner, que sirvió de fondo al vídeo con los cinco goles del Depor en Balaídos. Un plus de motivación ante el trance que se avecinaba. Luego escuchamos a Jabo ordenar a los suyos, a los deportivistas gritar los desmarques y a Tristán lamentarse. Al Racing no se le escuchó porque lo tiene todo tan trabajado que no tiene que hablar. La madera de la portería de Molina se quejó en dos disparos de Ayoze y Javi Guerrero y eso enfureció a un impreciso Depor, que se desquitó con dos tiros de Tristán y Sergio que la grada saludó con dos "uy".
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Y entonces se escuchó el silbato de Ramírez Domínguez. A 10 metros del área de Ricardo. Se oyó a Luque decir "mía" y lo siguiente que sonó fue el empeine del catalán golpeando violentamente el balón y a éste botando en el césped tras pegar en el larguero. El tanto desató los decibelios...
El arranque fue sepulcral. Sólo gritaban Alcaraz y su gente al árbitro, con razón, por cierto. Luego hubo aplausos, a Tristán, al que antes se le premiaban las obras de arte y ahora los brochazos. El partido no daba para mucho y la grada entonó un sospechoso "¡Lotina quedate!" mientras Duscher sustituyó a Sergio. El catalán ocupa un desagradecido puesto en el Depor. Abrillanta el trabajo sucio, da el penúltimo pase (tan vital como el último) y muchas veces ve cómo se desluce su trabajo porque los de arriba no están fi nos. Sergio es la aorta del equipo, el que inicia la circulación y el que oxigena a los mediapuntas. Demasiado trabajo, mal pagado mediáticamente. El paso de los minutos se tradujo en murmullos en la grada provocados por las vertiginosas llegadas visitantes. El run-run presagiaba lo inevitable: un pase al espacio fue aprovechado por Javi Guerrero, que silenció Riazor con un precioso y merecido gol de vaselina. Instantes después, la grada recibía con una sonora pita la salida de Valerón, que no gustó ni a afi cionados ni a compañeros. En resumen, tarde de silencio y pitos.