Yo digo Juan Mora

Wimbledon reconoce que allí llueve

Juan Mora
Importado de Hercules
Actualizado a

Cubrir Wimbledon suena como a poner un techo corredizo en la plaza de toros de Las Ventas. Cubrir cosos como éstos no es que esté bien o mal, pero sí son objeto de debate. En Las Ventas hace años que existe un proyecto que impediría la suspensión de las corridas en caso de lluvia y el siempre molesto viento que tanto molesta a los toreros, pero cada vez que se saca el tema hay aficionados que se rasgan las vestiduras. Imagino que en Wimbledon habrá pasado lo mismo, pero en su caso cerrar la pista central es un hecho. Lógico. En estos tiempos no se concibe que un partido pueda durar tres días, como ha durado, a causa de las constantes interrupciones.

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Pero extraña la medida que han adoptado en Wimbledon, cuando allí residen los ángeles custodios de las tradiciones. En Wimbledon, por ejemplo, hay que jugar de blanco, y si alguien osa salir con camiseta sin mangas -estilo Moyá- corre el riesgo de excomunión. En Wimbledon los cabezas de serie son elegidos a dedo, porque allí son muy suyos, y el sistema se mantiene pese al boicoteo de algunos jugadores. La pista central de Wimbledon sólo es pisada, fuera del torneo, por cuatro socios elegidos por sorteo para comprobar el estado de la hierba. Ni siquiera los jugadores ingleses de la Copa Davis pueden hacerlo, salvo que disputaran la final.

Visto esto, sorprende que Wimbledon haya reconocido que la lluvia suponga un inconveniente para el normal desarrollo del torneo. Quizá sea el primer paso que dé el tenis para llevar la igualdad a su deporte, donde las diferentes superficies sobre las que se juega deciden quiénes van a ser los ganadores, aunque esto, por otra parte, le proporciona variedad. Pero cuando de la Copa Davis se trata, nada más injusto hay que el país anfitrión la organice sobre la superficie que más perjudique al rival cuando la tierra nada tiene que ver con la hierba, por poner los dos casos opuestos y que conocemos para nuestro bien y nuestro mal.

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