Baptista fue una Bestia incontrolable
El brasileño dio un recital físico y su calidad decidió la eliminatoria

El Sevilla ha fi chado una joya. La fuerza física y la calidad que desplegó ayer Baptista sobre el terreno de juego sólo está al alcance de los privilegiados. Cuando la eliminatoria se había puesto muy cuesta arriba y el Sevilla empezaba a dar muestras de estar noqueado tras el golazo de Belletti, emergió la figura incontrolable del brasileño. Dio un recital físico, asumió la responsabilidad y sentenció el encuentro y posiblemente la eliminatoria con apariciones reservadas sólo a las grandes promesas. Baptista (a sus 22 años) es el presente de un fútbol brasileño que ayer estuvo representado por dos hombres más: Belletti y Daniel Alves. El primero firmó una jugada personal extraordinaria que fi nalizó en el gol del Villarreal. El balón se coló por la escuadra y el Sevilla recibía una puñalada.
Los sevillistas se quedaron con la boca abierta. Reyes no aparecía y los de Caparrós empezaban a regalar otro partidito mediocre. Pero llegó el descanso y... apareció Baptista. El Tanque, como se le conocía en su país, se disfrazó de El Bestia, como lo bautizó Del Nido en su presentación, para comerse al Villarreal. Se apoderó del partido y desniveló la balanza con un primer gol magistral. Daniel Alves, otro brasileño recientemente proclamado campeón del mundo Sub-20, dibujó una asistencia teledirigida. Baptista la recibió con el pecho, y con un movimiento al más puro estilo de Romario, definió. Go-la-zo. Minutos más tarde, Alves, quien también quería sumarse a la fi esta, se tomó la revancha del encuentro liguero e inventó una jugada personal (con la inestimable ayuda de Baptista) para poner a su equipo por delante en el marcador. El Sevilla jugaba a ritmo brasileño. El Villarreal parecía asustado ante esa fuerza de la naturaleza llamada Baptista. Pero aún había tiempo para otra exhibición. Los sevillistas dieron una lección de ambición y garra y siguieron dando pasos adelante. Baptista se recreó con otro gol más. Era un huracán. El Villarreal terminó amagando, pero sin resultado. Era el día de la Bestia, del futbolista del futuro. No le pierdan de vista.
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