Hechos prodigiosos
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Ayer se veían bolas de fuego en el cielo de España, de Galicia a Levante. Ayer se casó Britney Spears en Las Vegas con un compañero de la infancia que conoció anteayer. Ayer uno de los aparatos que hemos enviado a Marte aparcó bien y nos envió fotos muy bonitas, de una rueda y de un trocito de paisaje marciano que evoca a Los Monegros. Sucedieron más hechos alucinantes. También se supo, por ejemplo, que el Éibar jugará con los suplentes para recibir al Madrid. Parece una decisión suicida, pero tal vez esconda una secreta y agudísima estrategia: forzar a que el Madrid también juegue con los suyos. Y, por si no estábamos suficientemente estupefactos, ayer nos enteramos de que Queiroz no alineará a ningún crack en la Copa.
El comienzo del día ya nos hizo presagiar acontecimientos sobrenaturales. Florentino fue a ver el Alcalá-Real Madrid B. Y nos acordamos de un refrán que no nos sabíamos y que dice que "el ojo del amo engorda al caballo". Y luego Pavón dijo que el árbitro no tuvo influencia en el resultado. Escribiéndolo ahora es difícil entender cómo no fuimos capaces de descifrar tantas señales. Cuando aparecieron las bolas de fuego hubo quien lo interpretó como un designio divino, son los Reyes, Armagedón. Se equivocaban. No eran bolas de fuego, eran meteoritos, trozos de galaxia que se desprenden al derrapar en las curvas y que arden al entrar en la atmósfera. Especialmente en la murciana.