Yo digo Pedro P. San Martín

El martillazo de Ronie

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Ronaldo vuelve al Bernabéu. Eso ya pone los pelos de punta. Su presencia llena medio estadio. Tiene una especie de imán irresistible para el público, incluso no madridista. Es diferente en lo suyo, en el gol. Y esa cualidad intangible le convierte en una piñata cargadita de sorpresas. ¿Qué nos ofrecerá hoy? Una arrancada soberbia, una bicicleta de vértigo, un zapatazo seco o un toque liviano y envenenado de gol. Ronie es impredecible. Lo mismo reposa que se pone a cien en quince metros. Igual se embosca media hora por un lugar intransitado del campo, que aparece en el segundo palo para meter el golito de la victoria. Es un especimen único de cañonero. No se parece a Puskas ni a Hugo ni a Roque Olsen ni a Olmedo ni a nadie.

Sin reunir las cualidades específicas de aquellos genios del gol, el brasileño (por favor, no ‘gordito’) está en condiciones de igualarles y quizás hasta de mejorar sus históricas rachas de siete partidos marcando. La virtud de Ronaldo está en elegir el camino recto a la red. En hacer fácil lo que a cualquier mortal resultaría difícil. Así tumba a los defensas, de un martillazo cuando menos lo esperan. Y así pone al público en pie, asombrado por la capacidad que dios le ha dado para romper de un soplido el guión de los partidos. Ronie ha prometido 35 goles y todo apunta a que no defraudará al madridismo. No es Hugo, no es Puskas... Pero el chico de la eterna sonrisa entrará también en la historia.

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