El Madrid entra por la gatera
Ya hay Copa. ¡Qué bien! Saber quiénes la juegan es una de las grandes emociones que nos reserva cada año la ACB. La incertidumbre es tanta que son necesarias 17 jornadas, la primera vuelta de toda la Liga nada menos, para resolver el cuadro. No importa que el Tau llevase tiempo clasificado, que las clasificaciones del Barcelona y Pamesa se dieran por hecho, como la del Manresa por ser el equipo revelación, como la del Caja San Fernando de oficio por organizar la Copa. ¿Qué quedaba entonces? Tres plazas para quienes ganaran ayer. Estudiantes y Joventut lo hicieron; el Madrid, no, pero se metió en la Copa por la gatera.
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El Madrid se está especializando en jugar competiciones de esta manera tan poco suficiente. Participa en la Copa ULEB con más pena que gloria gracias a una invitación de favor por ser quien es, y esta temporada jugará la Copa de España por tener mejor cociente que el Tenerife, club que participa por primera vez en la Liga ACB. El Madrid tuvo ayer la oportunidad de meterse en la Copa por méritos propios, ganando al Barcelona, pero no fue capaz de ello. Y si no le ganó ayer, ya no le ganará en muchos años más. El Barcelona, ayer, ni tenía a Bodiroga, ni se jugaba nada en el envite. Pues pese a ello ganó al tran-tran.
El Madrid, por contra, perdió cuando toda la motivación y concentración del partido eran suyas. Y este año tiene en Bennett a un base de los buenos, y en Kambala a un pívot que garantiza los veintitantos puntos. Pues ni con esas. Enfrente, precisamente en los minutos decisivos, Navarro, Grimau, De la Fuente, Rodríguez y Dueñas, alternándose cada uno de ellos con un extranjero de la plantilla. Era el Madrid de los Fotsis y Stojic, sucesor de los Tarlac y Tabak, contra un Barcelona cuyo macizo es el de la Selección. Y ahí es dónde se nota la diferencia. El Barcelona ha hecho equipo y el Madrid lleva años sin saber hacerlo.
