Florentino cambia el Pitina por un central
El presidente venderá su barco para contentar a Queiroz y Valdano

La previsión del Real Madrid no se fija en el futuro a medio plazo que supone la construcción de la quinta torre y la llegada de Thierry Henry, el quinto galáctico, sino que se detiene en operaciones más mundanas como la compra de un central en el mercado de invierno, que se abrirá el próximo día 1 de enero de 2004.
Ciertas tensiones en la tesorería blanca, producidas sobre todo por el pago de la ficha de los jugadores en el plazo de Navidad-Fin de Año, ha animado al presidente Florentino Pérez a tomar una decisión personal, intransferible y extraordinaria: venderá su barco, el Pitina II, para sufragar con el dinero resultante el dichoso central por el que suspiran Carlos Queiroz y Jorge Valdano, que no tienen nada que vender, pero piden más que los Paúles.
Fuentes náuticas consultadas por AS aseguran que por el Pitina II podrían conseguirse sobre los 18 millones de euros, unos 3.000 kilos, en un mercado de segunda mano importante, como el de Reyes en el Principado de Mónaco.
El barco todavía propiedad del presidente madridista tiene ocho habitaciones, cuatro de ellas dobles, tres salones, cinco cuartos de baño con grifería de oro, jacuzzi, piscina interior e exterior, comedor de invierno y verano, chimenea-hogar, ancla anterior y posterior, salvavidas a proa y popa, timón de emergencia, escalera de acceso posterior, cocina española y americana, GPS, antena parabólica, muchos airbags y frenos de disco.
El Pitina II es un barco que está en la historia del Real Madrid, pues en él se celebraron una serie de reuniones de altísimo calado tras la asunción de la presidencia blanca por parte de Florentino. El encuentro más famoso a bordo fue el protagonizado por los matrimonios Pérez y Gaspart, el verano en que ambos resultaron vencedores en las elecciones presidencias de Real Madrid y Barcelona, respectivamente. Fue en aquel gloriosísimo (para los merengues, mayormente) mes de julio del año 2000.
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Cuentan que tras aquel encuentro en Palma de Mallorca, no sólo Gaspart entendió la Operación Figo sino que estuvo en un tris de hacerse socio del Real Madrid, accionista de ACS y grumete del Pitina II. A día de hoy lamenta no haber amarrado alguna de esas tres cosas. Los galácticos han pasado en varias ocasiones por el Pitina II, uno de cuyos salones se llama, precisamente, Salón Galáctico, y se adorna con fotografías y dedicatorias de Roberto Carlos, Zidane, Ronaldo, Beckham, Kambala y compañía.
El mar, blanco. Pese a que, como se sabe, Madrid no tiene mar, el Mediterráneo en concreto ocupa un lugar de honor en la historia madridista. El gran patriarca y sumo hacedor del Gran Madrid fue Don Santiago Bernabéu, que sentó sus reales (lógico) en la alicantina localidad de Santa Pola. Eran otros tiempos y Bernabéu sólo hubiera podido vender su barca, La Saeta se llamaba, y no un barcazo como el Pitina II. No lo necesitó, afortunadamente.