Ganar a más de 160 bpm
La música ha entrado a formar parte de la preparación del deportista. Música con mucha marcha. Se escucha en los pabellones de baloncesto, se va a escuchar hoy en el Quijote Arena, Scolari se la hacía escuchar a la selección brasileña que hizo campeona en el Mundial, atletas y nadadores se motivan antes de competir escuchando música por los auriculares. Una investigación de Lara Sánchez, de la Facultad de Ciencias del Deporte de Castilla-La Mancha, de Toledo, ha llegado a medir de qué manera influye la música en el rendimiento de los deportistas, según sea la velocidad a la que se reproduce. Conclusión: a más marcha, mayor rendimiento.
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Dice el trabajo de Lara Sánchez, presentado en el Congreso de Ciencias de la Actividad Física y el Deporte: "Los resultados obtenidos indican que el rendimiento se ve ciertamente aumentado cuando los ejecutantes realizan la tarea a la vez que escuchan una música reproducida a más bits por minuto (145-160 bpm). Este rendimiento baja cuando la música escuchada se reproduce a menos bits por minuto (50-60 bpm) y es mucho menor cuando la tarea se ejecuta sin escuchar ningún tipo de música. Por tanto, el escuchar un tipo de música entre 145 y 160 bits y que sea estimulante para los sujetos ejecutantes puede hacer aumentar su rendimiento".
Por eso no hay que extrañarse de lo que parece una moda, aunque eso de crear ambiente en los terrenos de juego viene de antiguo y lo puso en práctica el público porque sí, sin saber que podía ser materia de estudio para investigaciones universitarias. Un ambiente caldeado enardece, motiva al deportista cuando sabe que es a su favor y, por tanto, aumenta su rendimiento. Pero es curioso que haya deportes, como el tenis por ejemplo, en los que los jugadores prefieran el silencio para concentrarse, pero cuando de una Copa Davis se trata, ellos son los primeros que piden el jaleo del público. Eso lo hemos hecho nosotros mismos.
