Yo digo Juan Mora

Echamos agua al vino del baloncesto

Juan Mora
Importado de Hercules
Actualizado a

José Luis Llorente, que algo debe saber de baloncesto, dijo en una tribuna libre (ver AS del 13 de noviembre): "Menos imitar el modelo americano y más analizar por qué triunfa el fútbol". Decía que admira el fútbol porque todos sus partidos son relevantes; censura el baloncesto porque sus partidos se pierden en un laberinto de liguillas intrascendentes. Llorente, jugador del Madrid de sus mejores tiempos y ahora presidente de la Asociación de Jugadores, echa de menos la emoción que se vivía sin playoff ni liguillas. Su reflexión debería tenerse en cuenta. Si el baloncesto ha perdido aficionados, no puede permitirse perder ahora también entendidos.

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Estamos en una semana en la que, por ser Navidades, no hay partidos de baloncesto los martes, los miércoles y los jueves. Son los días en los que se juegan las liguillas de la Euroliga y de la Copa ULEB. La primera comenzó el 5 de noviembre y concluirá el 19 de febrero; la segunda arrancó el 11 de noviembre y acabará el 27 de febrero. Casi cuatro meses para saber qué equipos pasan a jugar otra liguilla en la Euroliga y qué equipos pasan a octavos en la ULEB. El fútbol resolvió esto hace dos semanas, y con una liguilla tan trepidante por su brevedad, que hubo equipos que festejaron su clasificación en la última jornada como si de un título se tratase.

Lo que el fútbol resuelve en seis jornadas, el baloncesto necesita catorce. ¿Es que acaso en el baloncesto hay más equipos potentes que en el fútbol? No lo parece, pues el baloncesto sólo se juega en serio en menos de media Europa. Pues aún así engorda las competiciones hasta el extremo de repescar a los mejores eliminados para seguir jugando en la siguiente fase. Por eso las competiciones no parecen acabar nunca, ni es fácil ver partidos trascendentales. Y cuando el fútbol reanude la Champions allá por febrero, ya con eliminatorias directas, el baloncesto aún estará dirimiendo con sus liguillas ver qué pasa. Y lo que pasa es que estamos echando agua al vino.

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