Aquí sabíamos que Alonso era el mejor
Los lectores de F-1 Racing, revista británica que es biblia en su especialidad, han elevado a Fernando Alonso a los altares. En deportes no muy seguidos en España suele ocurrir que tenemos gente buenísima y no nos enteramos. Éste no es el caso de Alonso, pese a competir en una especialidad que, sin ser extraña, tampoco ha despertado grandes pasiones entre nosotros, aunque tengamos dos circuitos de Fórmula 1 que se llenaban cada año, sí, pero más por el hecho de dejarse ver en las gradas que por afición. Aquí la Fórmula 1 ha despertado tan escasa emoción que ha estado dando tumbos por las distintas cadenas de televisión.
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Cómo sería que esta misma temporada, con Alonso ya piloto oficial de Renault, TVE no compró los derechos de transmisión hasta que la escudería francesa puso encima de la mesa cinco millones de euros, convencida de que los éxitos de Alonso iban a catapultar la imagen de la marca. Renault no se equivocó un pelo. Con Alonso, la Fórmula 1 comenzó a verse por televisión hasta el extremo de que las audiencias en los Grandes Premios de España, Hungría y Mónaco fueron superiores a los dos millones de telespectadores, con shares por encima del 23,6%, cifras que compiten con las del Tour, la Vuelta, el Motociclismo o la Copa Davis.
Aquí sí nos dimos cuenta enseguida de que Alonso era el mejor piloto, capaz de ganar en Hungría, de ser segundo en Montmeló y tercero en Malaisia y Brasil con un coche peor que el de Michael Schumacher y Barrichello (Ferrari), que el de Raikkonen y Coulthard (McLaren) y que el de Montoya y Ralf Schumacher (Williams). Por eso enganchó muy pronto a la audiencia, porque él pasaba a casi todos y porque a él no le pasaba casi nadie. El día que dobló a Schumacher fue toda una premonición de que él está llamado a tomar el relevo. Los lectores del mundo entero así lo creen. Esta vez ya lo sabíamos nosotros, y sin entender mucho de Fórmula 1.
