Enfermo terminal
Raimundo Saporta, que nunca hacía las cosas a medias, trajo al mundo el Pabellón madridista con un magnífico pan bajo el brazo. Era un torneo cuadrangular que ya en su primera edición tuvo protagonistas de lujo: Ignis Varese (que sería el ganador), Corinthians Sao Paulo, Jamaco Chicago y Real Madrid. Con el paso del tiempo aquel certamen se popularizaría con el nombre de Torneo de Navidad y mantuvo, durante décadas, su vocación de ser un escaparate internacional de baloncesto, una cita para jugadores y equipos de primer nivel, llegados de los cinco continentes.
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Gracias al Torneo de Navidad, y a Televisión Española, el aficionado español tuvo en el salón de su casa equipos y jugadores de Australia, África o Suramérica, exóticos e interesantes. También vinieron estrellas del basket universitario USA, que luego triunfarían en la NBA. Y, lógicamente, las grandes figuras del baloncesto europeo. Sergey Belov, Bernard King, Oscar Schmidt, Bob McAdoo y Arvydas Sabonis podrían integrar uno de los muchos quintetos mágicos de protagonistas navideños, al margen de las míticas formaciones del Real Madrid.
Casi 40 años después, el Torneo de Navidad no tiene interés ni brillo; es un enfermo terminal en coma profundo. Sería piadoso cortar su agonía sin objeto, dedicarle este año un sentido adiós y enterrarlo discretamente en los escombros de la Ciudad Deportiva.
