Un arbitraje de barrio
No es la primera vez que Paradas Romero se encuentra con el Sporting en actuaciones tan polémicas como extrañas. El colegiado malagueño parece tener mala fortuna cuando dirige partidos a los gijoneses, que sufrieron los errores del andaluz, quien, por otra parte, no puede presumir de ser un ejemplo de conducta entre su gremio.
Paradas demostró en una de sus anteriores confrontaciones con el Sporting que es un mal profesional. En la campaña pasada, en Valencia, en la víspera del partido que se jugó a las doce del mediodía, se le vio hasta avanzada la madrugada en compañía del cántabro Pérez Burrul, que había dirigido el Valencia-Betis, y sus respectivos auxiliares.
Las equivocaciones de Paradas Romero son demasiado frecuentes. En el partido del domingo, desde el primer
Noticias relacionadas
momento tuvo una actitud extraña, con una aplicación del reglamento sin un criterio de igualdad. El error de asignar a Dorado la amonestación a Sastre no deja de ser una anécdota, pero da que pensar que en la expulsión de Marcelino haya escuchado desde 20 metros una frase que el entrenador niega y que el cuarto árbitro no oyó estando mucho más cerca, cuando, además, la grada rugía con fuerza.
Los árbitros están para impartir justicia, pero cuando van de protagonistas, suelen provocar escándalos. Y en El Molinón, Paradas ofreció un arbitraje de barrio.
