Perder así es ganar

Mundial sub-20 | España 0-Brasil 1

Perder así es ganar

Perder así es ganar

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Un cabezazo a falta de tres minutos tumbó a España, que jugó con diez casi todo el partido / El árbitro, el peor

Pensaba hablar de las victorias morales, las que no se ven porque no son, de la paz de conciencia, de lo mucho que ocupan las copas en las estanterías, del sexo de los ángeles y de por qué se ríen entonces, de las derrotas gloriosas y de su enseñanza; pensaba decir que sólo hay algo que supera el hecho (milagroso) de que una mujer te haga caso y es que no te lo haga en absoluto y hasta me sentía capacitado para explicarlo todo con algún ejemplo práctico. Quizá otro día. Ahora sólo siento fuerzas para descuartizar al árbitro.

Y ni siquiera dispararle me reconforta demasiado (un poco, sí). En cierto modo, me suena a lo de siempre, a nuestras quejas históricas, al egipicio de Corea y a aquel balón de Michel en México que entró-entró, pero no valió. En el fútbol no siempre es suficiente con ganar al equipo rival, sería demasiado fácil. Hay que dominar otros elementos que tienen que ver con la suerte, entre ellos el árbitro, que no es más que una parte de la fortuna con pistola, ardor de estómago y una novia que le dejó plantado en Benidorm. Roberto Rosetti, 36 años, médico, natural de Turín y carita de efebo miedoso, expulsó a los cuatro minutos de partido a Melli, central de la Selección y del Betis. El pecado de Melli fue interceptar a un brasileño que se lanzaba contra nuestra portería. Lo agarró con tan poca saña, que hasta podría pensarse que se enganchó. Fue falta (aceptamos amarilla), pero ocurrió tan pronto y sucedió tan lejos del área, a tantos kilómetros, que para deducir que se trataba de una ocasión clara de gol hacía falta tener una imaginación poderosa. Y Rosetti la tuvo.

Luego hubo otras jugarretas: ese tipo de decisiones que pueden minar a un equipo sin dejar pruebas. Pero Rosetti no tiene siquiera categoría de malo de película y por eso quiso compensar al pasar por alto un penalti sobre Kleber que pudo ser y en este caso no hacía falta tener mucha imaginación. Y esto es lo peor, una vez aniquilados, no tener a quien odiar. España perdió por un cabezazo a tres minutos de una prórroga que hubiera sido un triunfo jugando con diez y jugando contra Brasil, un equipo destinado a vencer siempre, teóricamente mejores y en la práctica sólo más fuertes y más altos, por eso se nos escapó ese maldito córner. La expulsión de Melli nos restó opciones, pero nos ofreció una proeza. Primero el mérito fue resistir, sobreponerse, no llorar. Así pasó la primera parte, Brasil abriendo caminos (dos tiros al larguero) y España cerrando puertas pero observando por la mirilla; Juanfran magnífico, aunque una vez reordenado el equipo la banda derecha era suya tanto para defender como para atacar. No menos fabuloso fue el trabajo de Sergio García, incansable ante tres Olajuwones, o el del resto del equipo, al tiempo remando y achicando agua, porque el sevillista Alves era un diluvio.

Resurge. Después de sobrevivir, lo heroico fue tener la victoria en las manos. Y España la tuvo, casi siempre en los pies de Sergio, o en su cabeza, o justo en el medio. En una de sus internadas, Rosetti, canalla, se inventó una falta antes de que marcara gol. Iniesta (sobrado de talento y falto de cuerpo) había comenzado a entrar en juego y el equipo demostraba que detrás del alma también había fútbol, bastante. Y cuando la prórroga parecía segura llegó ese gol, córner sacado por Alves y el cabezazo de Fernandinho en el primer palo, qué palo. Aun así hubo otra ocasión para empatar, siempre la hay, pero casi nunca entra.

Lo demás fueron lágrimas y alegría, besos y maldiciones, la medalla que te arrancas y el trofeo de campeón, algo así como un tirachinas gigante, quizá un guiño, quizá un horror, en cualquier caso demasiado aparatoso para una estantería que conviene tener despejada. Ganamos gloria y perdimos un Mundial. Dicen que se aprende las derrotas y la de ayer dolió tanto que debimos aprender muchísimo. También dicen que perder una final es empezar a ganar la siguiente. Que llegue pronto.