Yo digo Alejandro Delmás

Halloween en Salt Lake

Alejandro Delmás
Importado de Hercules
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De la noche de brujas del último domingo de febrero de 2002 en Salt Lake City, a uno aún le persiguen sentimientos extraños: como la imagen de las caras devastadas de los asistentes personales de Muehlegg. Pero, con el paso de los años, lo que no termina de entenderse es la resistencia inicial del Secretario de Estado para el Deporte a aceptar aquel positivo, ya firmado por el doctor Catlin, jefe del laboratorio del COI y de la Universidad de California en Los Angeles. La papela que notificaba el control por darbepoetin-alfa ya estaba en los bolsillos de los delegados españoles. El doctor Segura, jefe del laboratorio de Barcelona, daba los hechos y las sanciones como irreversibles. Gómez Angulo, no.

Noruegos, suecos y canadienses, salieron de sus iglús para echarse sobre los españoles. Te miraban con unas caras en las que se leía: "Estafador". Tuve esa sensación inolvidable: Yo, que me había pasado 48 horas sin dormir, que había despertado a Relaño a las 6:15 de la mañana y que me había pasado el día entre Paco González, De la Morena y la CNN Plus, a las mismas horas en que por las calles de Madrid volaban posters con el tercer oro de Juanito. A esas mismas horas, con los iglús ardiendo, Gómez Angulo reclamaba al COI por lo de las "sustancias asimiladas". A mí, que me registren. Pero cómo me miraban esos tíos...

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