Las bases del éxito
La Fórmula 1 no se detiene, no conoce descanso. Antes, no hace tanto, los inviernos eran más tranquilos para pilotos y equipos. La pretemporada no significaba inactividad, pero tampoco el desenfreno actual. Los grandes equipos, sobre todo, empiezan a trabajar para el siguiente Mundial el día después de acabar el anterior. Y no es por capricho. Ahora se asientan las bases del futuro éxito, porque el ritmo durante la época de competición es tan frenético que entonces apenas deja tiempo para rectificar.
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Hombres y máquinas se afinan como instrumentos de precisión. Mientras Fernando Alonso se pone las pilas junto a su compañero Jarno Trulli en Kenia (podrían parecer unas apacibles vacaciones, pero seguramente no lo son tanto), los técnicos de Renault preparan lo que será su arma en 2004. Y como ellos, el resto de las escuderías. Ya lo vimos las pasadas semanas con los entrenamientos en Cheste, Montmeló y Jerez, en unos ensayos que volverán a la carga tras el receso navideño.
Tanta anticipación, tanta previsión, podría parecer excesiva pero no lo es. La confianza no existe, la relajación tampoco. Ni siquiera para los mejores (Ferrari no para), cuando menos para los que buscan esos privilegios, como es el caso de Alonso y su Renault. Por eso está bien que no desperdicien ni un minuto, que demuestren su ambición y sus ganas desde ya, que se esfuercen por superarse... Sólo así la gloria estará algo más cerca.
