Diego busca el duende
Diego Tristán es, dicen, el delantero con mayor talento del fútbol español. Las videotecas están llenas de imágenes que así lo atestiguan. Un fino estilista del área que siempre llega al gol por el camino más insospechado. De hecho, sólo él puede marcarse cuando la forma le acompaña. Exquisito en el golpeo, pícaro en la intención y elegante en el movimiento. Un pariente lejano de Van Basten.
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Pero Diego atraviesa un periodo de vulgaridad futbolística achacable a su baja forma. Esto ha destapado en él su perfil más voluntarioso y sacrificado. Algo antes inimaginable en un jugador que se maneja en la polaridad de los extremos (o todo o nada). Es el Diego más laborioso de su carrera. Diego Tristán, el Chava del área, el Curro Romero del gol, anda redescubriéndose a la espalda de las defensas rivales. Algo complicado cuando las piernas no hacen caso a la cabeza.
Por él, por nosotros, los que lo disfrutaremos y lo seguimos esperando, y por España, que ganará un nueve para Eurocopa, esperemos que lo logre. Pero mientras, debería ahorrarse algún desplante como el que tuvo ayer cuando se marchó al vestuario tras ser sustituido y no pudo disfrutar del gol que anotó Pandiani nada más salir. A veces, hasta los cracks se tienen que poner el maillot de gregario para beneficio del equipo. El éxito y el fracaso están separados por una delgada línea, la del fuera de juego, y Diego debe dar dos pasos atrás para entrar en juego, porque ayer no apareció por el Bernabéu y lastró el juego de su equipo una hora, lo que evitó el batacazo sideral. Tristán está llamado a ser el nueve natural del Depor, pero para eso hay que sumar actitud a la aptitud. Querer es poder.