Hay que salvar al baloncesto
Ahora que la ACB se ve en TVE y deja una audiencia a nivel nacional, se pueden sacar las primeras conclusiones. Una es que el Madrid sigue interesando muchísimo; otra es que el aficionado no quiere gato por liebre. Audiencia del Pamesa-Madrid: 910.000 telespectadores; audiencia del Pamesa-Barcelona: 623.000. Ambos partidos jugados en domingo, y a la misma hora: 18:00. El primer índice está bien, aunque a 850.000 de entrar entre las cien transmisiones más vistas del año, y hay 36 que no son de fútbol; el segundo está peor. ¡Ah! ¿Que era puente? Peor es un partido a la una de la madrugada y la final de la Davis la vieron 757.000 telespectadores.
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Al margen de que estas audiencias revelan que el Madrid sigue siendo el equipo preferido, hay una lectura de mayor calado y que demuestra el empecinamiento de la ACB al mantener una liga regular que interesa muy poco en favor de unos playoff, de los que sólo apasiona el último partido. Un Pamesa-Barcelona es para los entendidos mucho más partido que un Pamesa-Madrid. Sin embargo, perdió un 31,5% de audiencia con respecto a éste. ¿Por qué? Pues porque el aficionado, que no es tonto, sabe que en todo un Pamesa-Barcelona no había nada en juego. Ni siquiera un puesto para la Copa del Rey, atendiendo al calendario que les queda.
¿Qué quiere la ACB? ¿Una liga para entendidos o para aficionados? Si es para los primeros, no le hace ninguna falta la televisión pública; si es para los segundos, ya puede hartarse de dar partidos del Madrid si no quiere que se le caigan los índices de audiencia, o bien cambiar el sistema de competición para que así cada partido valga su peso en oro y afecte directamente a los intereses de los demás equipos. Porque ahora mismo, los resultados que obtengan éstos le son indiferentes al aficionado. Haga la prueba y pregunte a un amigo al que le guste el baloncesto quién ganó el domingo, si el Pamesa o el Barcelona. Sólo la duda revela que algo grave falla.
