Yo Digo Juan Mora

El último gran escalador

Juan Mora
Importado de Hercules
Actualizado a

Con el Chava se nos ha ido el más genuino representante de la estirpe de los escaladores natos. Al Chava todo lo que no fuera cuesta arriba no le interesaba. Hubo un año en el que Echávarri decidió meterle en el túnel del viento para que pudiera mejorar sus registros en la contrarreloj y el Chava salió huyendo de allí espantado. Antes ser último en la general, eso sí, ganando un par de etapas de montaña, que ganar una gran vuelta si a cambio tenía que practicar ese ciclismo de aerodinámicas y pinganillos, de ciencias y milésimas, de laboratorios y pizarras que convertían ciclistas normales y corrientes en corredores completos.

El Chava era el Chava. Y punto. Se le aceptaba como era o o había nada que hacer. Y tal y como era se le quería un montón. El Chava ha coincidido con Indurain y con Olano, ciclistas éstos de mayores éxitos que él, y el Chava firmaba autógrafos e Indurain y Olano, también, pero menos. El Chava tenía lo que muy pocos: carisma. Porque era todo naturalidad. No escondía nada. Ni tampoco se guardaba nada. Llegaba una montaña y ahí estaba él. Siempre el primero en poner el piñón de ataque. Si luego se quedaba sin fuerzas, mala suerte. Pero eso de no intentarlo, jamás. Y así fue demostrando ser un escalador fuera de lo común.

Por todas estas razones le fichamos de colaborador y pasó a ser una de nuestras firmas destacadas del ciclismo. Le encantaba bajarse de la bicicleta, coger el teléfono y contar a Bermejo o a Guti sus experiencias de cada día para que se las transcribieran. Quería que ustedes, los lectores, supieran qué se cocía dentro del pelotón, dentro de cada ataque. ¿Y saben a cambio de qué? De unas entradas para el Madrid, de que le dejáramos un móvil, de una antena parabólica... Así era con todos. Por eso, por persona desprendida y generosa, por ciclista valiente y sincero, le dice adiós toda España. El Chava entra en la leyenda. Bienvenido sea.

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En 1992, cuando los Juegos de Barcelona, no lo hubo, porque al ser el país anfitrión la antorcha pasó por todas partes y la acabó llevando hasta el apuntador. Ahora es diferente. La antorcha sólo parará en Barcelona y en Madrid. Barcelona ya estaba incluida en el recorrido, como ciudad olímpica, y el reparto de los relevos, hecho. Los 60 kilómetros se reparten en 120 relevos; 40 se los queda Samsung y otros tantos, Coca-Cola, que son las empresas patrocinadoras de la antorcha; los 40 restantes, a repartir entre los ciudadanos. En Madrid las cuentas no salen de ninguna manera. Ya hay tiros para portar la antorcha. Y usted, ciudadano de a pie, olvídese.

Es fácil imaginar cuántos amigos tendrá el alcalde y cuántos compromisos, políticos y económicos, el ayuntamiento. Y en Madrid 2012, no digamos. Por lo pronto hay 78 empresas que sufragan la candidatura con cantidades anuales que oscilan entre los 120.000 y 60.000 euros. Sus directivos algún derecho tendrán a llevar la llama del sueño que ellos pagan. Ni haciendo relevos de 250 metros en vez de 500 dará para quedar bien con todo el mundo. Será curioso conocer la lista de los relevistas, porque va a ser una auténtica lista de tráfico de influencias. Madrid 2012, encargada de hacer el listado, de momento no sabe ni cómo empezarlo.

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