Yo digo Pedro P. San Martín

Regalito de Rijkaard

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Aveces uno piensa que los entrenadores no conocen a sus jugadores. O, algo también muy perjudicial, sufren serios ataques de importancia, enredando lo que es fácil. Ayer le sucedió a Rijkaard. No hay explicación posible al dibujo del once inicial. Temeroso, aguado, simplón y tristón. Probablemente tuvo pánico al Madrid y se arrugó en la pizarra. Pensó más en bloquear a los Galácticos que en confiar en sus hombres, cometiendo un gravísimo error de concepto. A Queiroz y sus muchachos les vino de maravilla el regalito táctico, porque se movieron hasta el descanso como si aquello fuera el Bernabéu, con golito de Roberto Carlos incluido.

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El Real Madrid bajó el régimen de esfuerzo al sentir tan escasa resistencia. Y ahí se equivocó. A Zidane se le fue la presión, como a Helguera y a Raúl. Les contagió una especie de peligroso aire de superioridad al verse con el balón, con el mando y con el marcador a favor. No hay otra explicación para entender los apuros finales para salvar un resultado realmente corto ante la diferencia de capacidad entre uno y otro equipo. Falló en el conjunto blanco la tensión colectiva, aunque para compensar siempre tiene jugadores resolutivos y enteros, como fueron de manera estelar Casillas, Beckham y Roberto Calos.

Queiroz no necesitó tragar saliva amarga para sacar adelante el partido. Apenas dio un retoque, inteligente por otra parte, cuando metió a Solari para apoyar a Roberto Carlos en la lucha con Quaresma y Reiziger. Zidane no pudo con ese toro. Todo esto llevó su buen cauce para el Madrid, no obstante, porque Casillas fue un gigante. Eso sí.

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