Primera | Barcelona - Real Madrid

El Barça se blinda ante los galácticos

Rijkaard apuesta por una táctica guerrillera. El Madrid, con el equipo de gala. Los blancos, recibidos con huevos y tomates. Máxima expectación.

<b>VUELVE FIGO</B>. El portugués, muy solicitado a su llegada a El Prat.
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Todo en contra del Barcelona: la ausencia de Ronaldinho, la resignación, el peso de la existencia, el entrenador temeroso, el delantero que no lo es e incluso el presidente póster. Todo a favor del Madrid: Ronaldo y los demás, la velocidad de crucero, el viento a favor, los mil cañones, la seguridad, los espejos y ellas.

Dicen que Rijkaard blindará al equipo, que lo hará duro, que jugarán muy juntos, esperando y mordiendo. Por eso Rüstü sustituirá a Víctor Valdés, que es mejor portero pero no da ni la mitad de miedo. Cambiar de guardameta en una gran cita es una forma fantástica de matar a dos jugadores de un solo tiro: hunde al que sale y obliga a una proeza al que entra.

Puyol y Reiziger sujetarán el centro de la defensa, con la excusa oficial de su velocidad y el pavor secreto a Ronaldo. Motta es el guerrillero con talento; Saviola representa la esperanza y Kluivert la bonoloto, a veces toca, pero hay que jugar mucho.

No es mal equipo el Barça (de Champions, seguro), pero tal vez su problema sea que algunos tecnócratas, en busca de una renovación total, han rebajado la grandeza, la han aplazado. Y ese mal es altamente contagioso, porque cala en los jugadores y se convierte en la filosofía del entrenador, que, llegada la guerra, no prepara la batalla, como en los últimos 20 años, sino la defensa del castillo. Pero no está totalmente perdido el Barcelona. Desde el campo no se oye al entrenador y apenas se divisa el palco.

El otro lado. El Madrid, como siempre, Hollywood ambulante, empeñado en lograr la última conquista, atentos, todos con un motivo y muchos con una cuenta pendiente: Ronaldo por los mimos, Figo por el desprecio y Beckham por el honor. A Zidane no le han hecho nada, pero le encanta bailar aquí.

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El equipo galáctico fue recibido a la llegada al hotel con huevos y tomates, pero no en plan viva la huerta murciana sino tirando a dar. A Beckham, al que poco antes le habían sustraído la bufanda, le salpicó uno de los huevos, algo que a nosotros nos dejaría pringados pero que a él probablemente le aclararó más el pelo. También fueron arrojadas bombas fétidas, pero no hubo bajas.

Esta noche se juega el mejor partido del mundo, Mundiales aparte. No hay nada mejor, ningún campo semejante, ningún ambiente parecido. Hoy no vale lo anterior, ni el glamour ni la pena. Hoy el que meta, gana.

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