Barbie Superstar
La Lolita metida a Barbie es un icono, carnal, no deportivo. Anna no es célebre por sus triunfos, sino por sus líos con Fedorov, Bure, Philippoussis y, ahora, Enriquito Iglesias, al que irá a buscar cuando el show de León termine.

Vamos a ver: en muchas calles de Moscú se ven señoras tanto o más estupendas que Anna Kournikova. Algunas de ellas se venden sin problema a cualquier turista extranjero por un billete de 100 dólares, lo que les viene a arreglar muchas de sus miserias en sus casas al final del duro día moscovita. Otras, hartas de vodka, se meten en un avión de Sheremetyevo II para Occidente y le dan el brazo al primer jubilado que les pueda arreglar el pasaporte comunitario: verdaderos monumentos, oiga, y no la momia de Lenin. Uno ha testificado monumentos y situaciones: en Moscú y en los aviones.
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Pero ninguno de estos anónimos monumentos carnales a la Madre Rusia, Rosskogo Naroda, se ha podido ir a entrenarse a Florida, a desarrollar curvas y bronceado junto a Nick Bollettieri. Como Anna, la hija de la imponente Ala Kournikova y ex niña pobre del Spartak de Moscú, sí pasó por Florida, el resultado es la mutación de un proyecto de Lolita de las calles de Moscú en Barbie Superstar. Internet, la líbido y las ropitas primorosas pueden conseguir estas cosas.
La Lolita metida a Barbie se convirtió en un icono. Carnal, no deportivo. Anna no es célebre por sus triunfos, sino por sus curvas y por sus líos con Fedorov, Bure, Philippoussis y, actualmente, Enriquito Iglesias. Anna Kournikova funciona como una superestrella por la gracia de los trajecitos de Adidas y de los salvapantallas que se descargan en Internet. Viaja en avión privado, con guardaespaldas y con la agenda de una reina de corazones. Diez minutos de un periodista a solas con ella valen lo que la empresa del periodista quiera pagar en publicidad e intercambios mediáticos. El que no, como en Zaragoza hace un año, al corralito de la rueda de prensa. Y quien quiera franquear las barreras de seguridad y de los engaños sin haber pasado por taquilla, ya no es periodista, sino un indeseable al que hay que expulsar de la vecindad de Lolita-Barbie-Anna. Varios papparazzi y uno mismo pueden atestiguar esto. Anna está retirada, desde principios de año: con esas curvas no se puede hacer tenis de élite. Cuando el show de León termine, mimosa, se meterá en el jet privado en busca de los brazos de Enriquito. Igual, incluso le gana Arantxa: Conchita la arrasó en Zaragoza. Pero, cómo son esa caída de ojos y esa culata. De esos que valen su peso en dólares en las calles de Moscú...