Es la hora de Bautista Soler
La esperanza blanca es Soler. Frase solemne de Ríos Capapé, que también hago mía, con su permiso, pronunciada en la última Asamblea de Accionistas y que refleja el clamor popular de una ciudad que no se siente representada por este Consejo, al que votó para evitar simplemente el regreso de Roig. Pero el ciclo de este Consejo Directivo está agotado desde hace mucho tiempo, por más que se aferren al sillón incluso después de haber vendido sus acciones, para evitar, como dicen ahora, el regreso de Roig. Pues a lo mejor hay que pactar con él, simplemente porque es el máximo accionista de la sociedad.
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No se vislumbra futuro esperanzador con la continuidad de este Consejo. No tiene soluciones a la grave deuda económica del club, que amenaza el próximo verano con la venta de alguno de sus buques insignia, para cuadrar presupuesto, según se aprobó en la Junta, y que vive en un desgobierno absoluto. Es un Consejo de Administración casposo, que no se da cuenta de que su momento ha terminado, dividido desde hace tiempo y que ahora se atreve incluso a echar un pulso al segundo máximo accionista, Bautista Soler, el mismo que les mantuvo en el cargo el pasado 14 de junio en las elecciones a la presidencia.
Me cuentan que Bautista Soler está convencido de dar ese paso al frente que hace falta, ayer ya dio un golpe de timón, y se prepara para recuperar esa imagen social que hace tiempo se ha perdido.