La bisagra que no chirría
En el fútbol de hoy es decisivo dividir cualquier sistema en dos bloques con una bisagra en el centro del campo. Y, naturalmente, que ésta bisagra no chirríe, sino que mueva con suavidad y equilibrio a las dos partes. Así se fundamenta la solidez, a la vez que permite al talento aparecer sin coacciones. El Madrid lo hace; el Atlético, está en ello. Zidane-Beckham lo consiguen; Ibagaza-De los Santos, lo intentan con mediano éxito. Por eso los blancos arrollan y por eso los rojiblancos se quedan en el boceto.
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Lo vimos ayer: Beckham o Zidane daban salidas a Pavón, Bravo o Helguera. El balón tenía una orientación de origen hasta destino. Un destino letal, porque Ronaldo encuentra balones dulces, espacios abiertos creados a través de la elaboración. Enfrente, De los Santos, con Novo o Musampa, no dan junto a Ibagaza tanto como el dúo madridista. Empujan, quieren hacerlo bien, pero están lejos de ser una orquesta sinfónica. El talento de Ibagaza se encuentra cercenado y por extensión obliga a Torres a pegarse auténticas palizas para llegar al gol.
Ante este escenario tuvo más trabajo Manzano que Queiroz. El técnico rojiblanco hubo de adoptar una medida de emergencia y lo hizo con especial inteligencia. Eliminó a un inocuo Nikolaidis (ni defendía ni atacaba) y a un torpón Musampa para abrir el campo con Rodrigo y Paunovic. Fue un alivio total para Ibagaza, quien empezó a hilvanar viendo compañeros pidiendo balón. El Atlético fue más dinámico cuando su cerebro se sintió aliviado y empezó a funcionar como una bisagra, no como una escoba. Pero para entonces, el marcador ya estaba muy cuesta arriba.