Primera | Real Madrid - Atlético

Queiroz-Manzano, el derby cordial

El técnico rojiblanco: "Al Madrid no le podemos jugar noventa minutos de igual a igual". El madridista: "¿Quién va a prohibir el atrevimiento?"

<b>MANZANO</B>. Manzano "El Real Madrid lo ha hecho muy bien. Las estrellas están por debajo del escudo. Y si alguno se sale da el cante y se le nota mucho".
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Son las tres de la tarde y hace un frío del demonio en Madrid. Un frío futbolero, que evoca a derby bajo el abrigo de gorro y buena bufanda. AS sienta a la mesa del Asador Donostiarra a Carlos Queiroz y Gregorio Manzano en este clima de vísperas de gran partido. Llegan los dos a la cita sonrientes, como que aquí no pasa nada. Primero aterriza el técnico de Jaén, con su guardia pretoriana, Gonzalo Hurtado y Pepe Escalante, regalando bromas y abrazos. En su rostro lleva marcado a fuego el cuarto puesto en la Liga. Es una sonrisa de Champions, claramente. Y después entra en escena el de Mozambique (no alucinen, el técnico madridista es africano) también rodeado de sus auxiliares, Valter Di Salvo y José Peseiro. La mesa, con Alfredo Relaño, Manuel Esteban, Tomás Roncero y Carmen Colino promete marcha. Y verán que efectivamente la hubo...

Antes de catar siquiera una aceituna, Manzano y Queiroz se han dado más abrazos que dos amiguetes del colegio. Buen rollo, buena vibración y exquisito ejemplo. El entrenador del Atlético echa flores quizás para ablandar al contrario. "El Real Madrid lo ha hecho muy bien. Las estrellas están por debajo del escudo y si alguno se sale, se le nota mucho. Da el cante. Los cracks que se pelean y se han ido de sus clubes lo hacen porque se sienten por encima de su club". Y el mister blanco mira con ojos profundos a su colega para ampliar el concepto: "Esto es mantener la línea de autoridad. No nos podemos equivocar. Como en un Ejército, el mando está claro. En un coro está el violín, el tenor, el director... Pero todos sabemos quién es el dueño del teatro, que está por encima".

Los violines, en el Madrid, los tocan los Galácticos. En el Atlético, sobre todo el Niño Torres. ¿Es un derby de igual a igual? Manzano responde rápido: "No podemos jugarle noventa minutos de tú a tú al Madrid. ¡Ojo! digo los noventa minutos. Esto formará parte de la estrategia". Queiroz duda, interpreta la pregunta y dispara: "Yo puedo ordenar una estrategia, pero en estos partidos los jugadores tienen unas ganas especiales de irse arriba. El nivel emocional marca la diferencia. Son partidos de atrevimiento. ¿Quién va a prohibir a un jugador hacer lo que se le viene a la mente?". El técnico rojiblanco apoya el concepto con filosofía: "Claro, no puedes recriminar el atrevimiento. Si Torres lanza el caño que nunca ha lanzado, pues resulta normal en estos partidos...".

Y entramos en enredos tácticos. Que si Ronaldo, que si Ibagaza, que si Makelele se marchó y entonces tal y tal, que si hay cinco fijos en el once del Atlético y otros que no. Y nuestro director toca fibra sensible a Queiroz cuando le habla de su enredo con Beckham: "Yo puse a David en Pamplona en la banda, donde ha jugado dieciséis años y se hizo famoso en Inglaterra. Nada anormal. No pienso si es bueno o no Núñez por la política de cantera del presidente. Mi obligación es pensar en el equipo y yo quería que Osasuna se desgastara para que después Becks y Ronaldo tuvieran espacios...". Manzano se alía con Queiroz. El reproche táctico encuentra fuerte resistencia por parte de los dos entrenadores. "Si es que eso de quitarle el balón al Madrid es mucho hablar para nada. Mirad en Pamplona. Se decía que Osasuna se comería al Madrid. Y, pum, aparecen Beckham y Ronaldo y empatan. El fútbol es de los futbolistas de elite. Marcan las diferencias".

Elite, cracks, jugadores de puntilla y vuelta al ruedo. En el derby tendrán que asomar la cabeza. Y sale Torres a relucir en los aperitivos. Manzano tira de acento andaluz: "Oye, que es ‘jodio’ crecer en la profesión de futbolista en Segunda División. Y Torres viene haciéndose futbolista en situaciones conflictivas del club, tanto deportivas como sociales. Tiene un mérito tremendo. Cuando este chico explote va a ser un pedazo de futbolista". Le da un capotazo Queiroz a este repaso, pero sin atreverse a meterlo en el paquete de los Galácticos, no sea que especulemos en esta mesa hambrienta de noticias. "Torres es un buen jugador. Le falta algo de experiencia. Puede ser un crack en el futuro".

Trece comensales (fatídico) cruzan de pronto sus opiniones como en cualquier bar de la esquina. Manolete pregunta con la ‘mosca detrás de la oreja’ si Torres es para el Madrid, Roncero se frota las manos viendo a Florentino pegando el hachazo en el Calderón llevándose a la perla rojiblanca. Manzano se niega a que le toquen al Niño. Queiroz sonríe hacia adentro.

No hay acuerdo en cuanto a Torres, normal, y alguien en la mesa, supongo que del Atlético, desvía la atención hacia Raúl. ¿Está o no está Raúl para hacer algo grande en el derby? Hablamos del Nene, que ya es capitán. Primero, Queiroz: "Raúl lleva siete partidos en veintiún días. Mirad, sale con España a Noruega y todo el mundo vuelca sobre Raúl la responsabilidad de la clasificación. ¡Y vuelve hecho polvo! Ha perdido un kilo y medio y yo le veo una carita... (el mister hace un gesto escuálido). No es fácil rendir así. Lleva una tremenda carga de fatiga física y emocional. Él es listo y sabe que en estas condiciones debe distinguir entre los partidos de largos recorridos o cortos. Y en Pamplona llegó el momento de bajar la presión, porque tenemos por delante al Atlético y el Barcelona". Manzano tiene algo que añadir, pero desde su perspectiva: "Lo de las selecciones es fatal para nosotros. El jugador pierde la cotidianidad. Los hábitos y las costumbres son diferentes y tardan en readaptarse".

Le tocamos a Manzano donde más le duele cuando le obligamos a mirar hacia atrás. A esos días en los que el Atlético no funcionaba. "¿Que si lo pasé mal? Yo, qué leches lo voy a pasar mal. Yo estoy para esto y para buscar las soluciones a estas cosas. Y no me gustan los ventajismos ahora que somos cuartos y estamos donde estamos. Pero, sinceramente, que alguien me razones las críticas cuando las hacen. ¿Es que es fácil hacer un equipo con doce tíos nuevos? ¿Quién tiene el valor de decirme que podemos llegar a donde está el Real Madrid cuando estoy formando un equipo de la nada? No me gustan los que critican sin conocer y sin saber lo que está pasando. Es imposible hacer que un equipo funcione como un guante en la primera jornada...". El discurso de Manzano es casi aplaudido por Manolete, embargado ahora por la emoción de que su equipo llegue al Bernabéu instalado en puestos de Champions.

Queiroz ha guardado prudente silencio y mira a Manzano con absoluta complicidad. En este momento son dos en uno. Les falta levantarse y darse un abrazo, por más que Roncero sugiere que la Prensa está para hacer juicios, aunque a veces no tengamos más prueba que la evidencia del juego. "Es que no somos dioses y también nos equivocamos. Dejadnos que hagamos las cosas con tiempo", lanza el técnico de Jaén con pelín de mala leche hacia no sé quién.

En estas sale Queiroz con una teoría irónica. Un chascarrillo muy propio de quien viene sintiendo la alargada sombra de la crítica en la nuca: "Yo asumo con tranquilidad una teoría. Las victorias y los éxitos son de los jugadores. Los empates y las derrotas son mías".

Nos vamos otra vez al Atlético a una pregunta de Relaño, inquieto por saber hasta dónde puede llegar en esta campaña. Si hoy es cuarto y gana en el Bernabéu, es fácil imaginar algo grande. O no. Manzano prefiere no soñar y después de mucho reojo nos evalúa la situación: "Este Atlético tiene aún mucho más que ofrecer. Yo creo que estamos a un setenta por ciento de nuestro potencial. Tenemos algunas cosas claras, ciertos puestos bien atados y firmes. Pero hay que hacer algunos retoques. En ese trabajo estamos y se verán los frutos a medio plazo". Y le centramos el foco de atención ahora en el jugador emergente, Nikolaidis. "Este chico ha salido a jugar cuando estaba en condiciones. Llegó muy fundido. Me gusta su espíritu ganador. Es lo que necesitamos. Cuando llegué, había quien se conformaba con perder, como una rutina. Éramos perdedores. Con gente como Nikolaidis cambiamos el espíritu. Vamos a por todas, a ganar".

A ganar, a por todas. Manzano mete miedo o eso intenta. Pero ahora le pide Colino que hable claro y dé un pronóstico para el derby: "El equipo que vaya por delante a la hora de juego, se llevará el partido. Con el marcador a favor, el otro equipo se abrirá y aún dejará más espacios". A Queiroz no le sacamos un resultado ni con el sacacorchos del vino. Curiosamente, delega: "Insisto en que este partido es de los jugadores. Tienen una extramotivación. Lo he visto en el entrenamiento. Están mentalizados, piensan en el Atlético, están muy centrados. Este es un partido de gloria para un profesional y los Galácticos son siempre y ante todo unos profesionales. Esa es su actitud ejemplar. Hemos conseguido el objetivo de asegurar la Champions en Marsella y ahora pensar en el Atlético. No en el Barcelona. Eso aún no está en nuestras cabezas".

En la cabeza de Queiroz están sus Galácticos y se escuda en ellos para contar el chascarrillo del segundo plato: "¿Me pregunta si duermo por el derby? Mire, una vez el entrenador del Cosmos, Eddi Firmani, oyó hablar de la ansiedad de los técnicos. Y cuando le preguntaron, dijo: ¿Cómo no voy a dormir si tengo a Pelé, Beckenbauer, Carlos Alberto, Cruyff...? El que no duerme es el enemigo. ¡Pues supongo que Manzano es el que no duerme!". Y recoge con sinceridad la pelota su colega: "Efectivamente, yo no duermo desde el sábado".

La comida del Asador nos sabe a gloria. Y Manzano lanza un directo a la mandíbula de su rival, que le amarga los dulces del postre: "¿Sabes, amigo Queiroz, que yo gané 1-5 en el Bernabéu el año pasado?" Y ya metido en faena, el de Jaén bromea con el pequeño incidente que tuvo con Aragonés, sobre a quién hay que preguntar para saber cómo se gana en el Bernabéu. "Este año no ayudaré a nadie cuando me pregunte cómo se gana en el Bernabéu".

Está lanzado y crecido Manzano, seguramente porque Queiroz no consigue aguantarle la dinámica de su verbo rápido y locuaz. Así que en un despiste nos dice, casi susurrando y con media sonrisa, la fórmula para atar en corto a Ronaldo: "Ya he dado las consignas oportunas. Vamos a repartirnos entre pataditas y besos. A ese chico no hay forma de pararle. Nosotros no queremos hacerle daño. Así que después de una patadita, un besito".

Le sugiere Manolete, no sin maldad, a Manzano sobre a qué jugador del Madrid le gustaría que le entrara una ligera gripe el miércoles y causara baja. En una comida de fair play, es evidente que no había sitio a otra respuesta: "No, no. A mí me gustará ganarle al Real Madrid con todos los mejores. No quiero que luego tengan una excusa sobre si les faltaba este o aquel jugador. Por parte de los dos equipos tienen que estar los titulares y los mejores. Recordad que he ganado dos de las cuatro veces que he visitado el Bernabéu y me siento con autoridad moral para volver a ganar."

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El entrenador del Real Madrid regatea la entrada con los dos pies de su colega y mira al tendido, para pedir el apoyo de sus hinchas: "Me gustaría que el Bernabéu fuera como Old Trafford. Allí, cuando el Manchester no jugaba bien en siete minutos, todo el estadio se ponía a cantar y animar para empujar a sus jugadores. He visto que la cultura de la afición del Bernabéu es bien distinta. Hay silencios hasta que el equipo anima a la grada. Y en partidos importante como el del miércoles, la victoria es una cuestión de todos".

Manzano degusta el café sin inmutarse. Dice que si gana espera la llamada de José Tomás, un atlético confeso, ("Ese sí que es un Galáctico de los toros") y emplaza a Queiroz a acudir a Las Ventas en San Isidro. "Vamos juntos si quieres. Pero antes dame los tres puntos del derby, que nos hacen mucha falta. Los de atrás vienen pegando fuerte".

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