Cerco a los médicos
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El COI ofrece a Dwain Chambers, número uno cronológico entre los positivos con THG, que delate a aquellos que le aconsejaron e inyectaron a cambio de rebajarle la sanción de dos años. Lo llaman, eufemísticamente, "decir todo lo que sepa". Se pone a un delincuente en la calle (Chambers, plusmarquista europeo de 100 metros) y se trinca a los que manejan en la sombra los hilos del títere: médicos y entrenadores, sobre todo, y algún que otro directivo cómplice por activa o por pasiva. A propósito: el títere no es tan muñeco, porque sabe de lo que va la función, sin duda. Lo malo es que toda ley tiene trampa, sin excepciones. O que la trampa corre por delante de la ley. Véase el caso del dopaje: todos pensábamos que la EPO era el no va más y ahora resulta que el horizonte delictivo está más allá de donde se juntan el cielo y la tierra.
Y ese horizonte, hasta hace nada invisible, personificado en la THG, quizá no sea el último, pues el ladrón lleva leguas de ventaja al policía. ¿Qué pasaría si Chambers dijese sí y señalara a aquellos que pusieron la porquería en su organismo? Palabra de Chambers, delincuente probado, contra la de un señor al que protege la ley más elemental del derecho: todo el mundo es inocente hasta que no se demuestre lo contrario. ¿Podría demostrar Chambers que éste o aquel fueron los que le inyectaron el THG? Difícilmente. Más aún: ¿Qué pasaría si Chambers, o cualquier otro culpable, le ofreciera a usted un cierto dinero para admitir que sí, que le dopé, que me sancionen y que perdonen al atleta, que él pueda ganar el oro en Atenas y embolsarse miles de euros? ¿Cómo le iba a sancionar a usted la IAAF? Puede parecer ciencia-ficción, pero se está estudiando en serio esta posibilidad. Todos estamos de acuerdo en que además de al deportista hay que sancionar a lo que se llama el entorno. ¿Pero quién le pone el cascabel al entorno?
