Yo digo Pedro P. San Martín

El chico perfecto

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No voy a disimular. David Beckham me provoca una rabiosa envidia. A mí, y a millones de ciudadanos. Es guapo, es rubiazo, tiene glamour, está forrado, maneja los mejores coches, vive en una mansión, le gusta comer bien, viaja en avión privado, tiene una esposa estupenda, dos repollos de niños y encima le nombran Caballero del Imperio Británico. Por si todo esto fuera poco, además Becks juega al fútbol. Y juega al fútbol nada menos que en el Real Madrid de los Galácticos. Y tiene suficientes arrestos para ser ya un líder en el campo y un ídolo para la grada. Este chico es un príncipe tocado por una varita mágica. Hemos de rendirnos a la evidencia de su poderío y reconocer que sobre él gravita el mundo. O casi.

Beckham se ha ganado al madridismo con su sentido del trabajo, su seriedad y compromiso. No le pueden los paparazzis, no le quiebran la moral con los escándalos que le intentan colgar del brazo. Y anuncio que alguno está por caer la próxima semana. Becks está dejando boquiabiertos a todos, desde Sir Alex Ferguson al mismísimo Florentino. Porque ni siquiera el presidente imaginó que el Spice Boy podría dar tanto en tan poco tiempo al proyecto blanco. Ayer dijo a todo el mundo por televisión, desde el patio de Buckingham Palace, un rotundo "me encanta España" que no es un slogan de márketing. Este chico parece perfecto, aunque me dicen que no sabe cantar.

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