El Cabo Rusty con alma de demonio
El equipo español de la Copa Davis ha jugado muy pocas veces bajo un ambiente tan hostil como el que se encontrará este fin de semana en el Rod Laver Arena. La culpa la tiene un travieso chaval pecoso, que se ha encargado de envenenar a todos los habitantes de Melbourne. La propia prensa australiana le llama Satán.


John Fitzgerald, capitán australiano de la Copa Davis, puede arrojar muchas pistas sobre Lleyton Hewitt, el hombre que le ha envenenado el ambiente en Melbourne a los españoles. "La gente ve a Lleyton en la pista y ve a una bestia competitiva, pero en realidad es un chico normal, incluso un poco tímido", dice Fitzy. Hubo algo de esa dualidad esquizoide en seres como Drazen Petrovic o John McEnroe: desatan su rabia para ganar. Cuando no hay una pista o una pelota enmedio, se puede estar con ellos. Si hay partido, mejor hacerse a un lado.
Hewitt es de esta estirpe. A finales de 1999 ya podía con Agassi. Ganó Wimbledon 2002 a los 21 años con la rapacidad del cuervo de Adelaida que es y la rapidez de un Demonio de Tasmania. La prensa australiana, a la que odia, le llama Satán. En Londres devastó la línea de fondo con un ritmo y un resto que hizo la autopsia al juego de red de Schalken y Henman.
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"Incluso cuando le vas ganando, tienes el sentimiento de que antes o después se te va a echar encima", dijo el holandés Schalken en aquel Wimbledon. ¿De dónde le viene ese ansia? Quizá sea que... "como nunca ha sido demasiado grande ni fuerte, no podía meterse en peleas", recuerda su padre y agente, Glynn, ex jugador de fútbol australiano. Todos los Hewitt se apasionan con los cuervos de Adelaida. De ahí vienen los "Cmon Balboa": "Vamos, Balboa". Lleyton se mira en Rocky Balboa. Y esa fuerza de ganador compulsivo defiende la inseguridad del travieso chaval pecoso que describe Fitzgerald. El que Philippoussis, Woodbridge y Rafter llaman Rusty, por su parecido con el pecoso Cabo Rusty de la vieja serie Rin-tin-tin. Hay una frase de su novia, Kim Clijsters, que vale un potosí: "En esta relación, los pantalones los llevo yo". No parece falso. "Hablamos mucho por teléfono, pero no pensamos en el matrimonio. Ahora vamos a dejarlo como está", reconoce Hewitt, que se enfrentará a Kim en el doble mixto de la Copa Hopman.
Todo el entorno cierra filas con Lleyton. Una de las pocas veces que Rafter estuvo al borde de la reyerta fue cuando en la Copa de las Naciones 2001, en Düsseldorf, un bolazo a quemarropa de Corretja casi revienta la carita de Lleyton. "Colega, que sea la última vez que lo haces", le increpó Pat. El colega Corretja se disculpó, pero ahora está bajo el fuego del australiano. Cosas de la bestia competitiva llamada Rusty.