Los miedos de Perrin
El Marsella tuvo miedo. Si es justificable o no ante un Real Madrid ya clasificado y que no pareció forzar mucho la
máquina es otra cuestión, pero lo cierto es que si además de la evidente diferencia futbolística se impone el miedo, las cosas quedan claras. Cierto que Casillas le sacó a Drogba un remate que pudo ser el empate, pero el técnico Alain Perrin se pasó todo el partido obsesionado con juntar sus líneas, con un corsé táctico producto del terror al juego entre líneas madridista. A Zidane, fundamentalmente. Ni le salvó que Zidane jugase un partido más que discreto ni un Raúl poco participativo.
Sólo con ver las imágenes de Perrin gritando en el banquillo para no desordenar al equipo quedó claro que se pasó toda la semana con la pizarra en la cabeza. Y este Marsella tiene jugadores para otra cosa, para dejar más de lado el orden y buscar más el talento, la capacidad para inventar. La tiene Meriem o Sytchev, que se pasó casi todo el partido en el banquillo. Solo dio sensación de peligro en algún balón largo para la velocidad de Drogba y aprovechó algunos momentos de bajada de tensión madridista.
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Poco más en un Marsella que puede dar mucho más de sí. Dejó jugar muy cómodo a un Real Madrid que tampoco fue agresivo. No tenía porqué, y se vio desde el principio.
Acertó con un libre directo de Beckham ante un Runje más preocupado por el disparo potente de Roberto Carlos. En eso el partido fue justo. El inglés trabajó más que nadie en un partido que muchos vieron como un cómodo trámite. Solo por eso merece entrar en la historia del Real Madrid. El Marsella está eliminado y la sensación de que este equipo está preparado para algo más de lo que mostró quedará para siempre. Fracasó el proyecto europeo en un regreso a Europa que se anunció brillante.
