Siesta griega
El empate del PSV en Mónaco hace que la victoria ante el AEK no suponga la clasificación para octavos de final

Un gol, uno solo más ante los inocentes griegos, habría permitido al Deportivo acudir a Holanda con la tranquilidad de saber que hasta la derrota por 2-0 clasificaba al Depor. Pero...
El encuentro arrancó a las nueve menos cuarto, pero no comenzó hasta pasadas las nueve. En el minuto 13 Tsartas presentó al AEK con un zapatazo al larguero. Pero el susto no alteró ni un ápice la pasividad deportivista, en la que la fe de Héctor y las ganas de Capdevila, salvada la clase de Fran, eran lo más notificable. Los griegos exhibían una defensa más ruinosa que el Partenón y una delantera inocente. Pandiani, que lleva fuera de cobertura varios partidos, tenía ante sí un panorama delicioso. Fran se hartó de regalarle roscas combadas por delante de la defensa griega y Amposah es el ejemplo práctico en el diccionario de la Champions de central chollo. Mientras, el inglés Zagorakis saludaba cada aparición de Valerón con una patada, por lo que el canario optó por mover su despacho de la mediapunta y se arrimó a los mediocentros y a los extremos. Eso sí, sin insistir, que no era noche de trabajos forzados. En Riazor cundía la tranquilidad cuando los transistores traían la buena nueva: Morientes, en un ataque de patriotismo, le hizo el favor al Deportivo. Estaban en octavos.
En el descanso, Jabo debió invitar a una ronda de cafés para ver si su gente se sacudía la torrija. Kostenoglu celebró la reanudación con una entrada alevosa sobre Víctor, que Fran vengó con una complicada volea que hizo trabajar a Mihailidis. Y dos minutos después sentenció el Deportivo con un disparo duro, raso y esquinado de Valerón, al que Zagorakis andaba buscando por la mediapunta. El tanto descompuso al AEK y su defensa de futbolín: miraban pero no entraban. Pandiani se puso en evidencia en tres ocasiones, una con la cabeza y dos con el pie.
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Luque, a escena. Y entonces Irureta echó mano de Luque. Pero no de delantero, como dictaba la lógica ante el aciago trance del Rifle. Jabo abrió el manual de psicología y dejó a Walter en el campo para elevarle la autoestima. El sacrificado fue Valerón, lo que provocó un efecto dominó en la línea de creación deportivista. Luque afiló la banda izquierda y Fran trasladó la fábrica de asistencias al centro.
Este reajuste fue aprovechado por los griegos para asomarse al área deportivista. Okkas, inocente y virginal, quiso emular a Raúl y Molina sacó una mano salvadora ante la vaselina, y dos lanzamientos de Tsartas, del que no se tenían noticias desde el minuto 13, confirmaron que el café al que Jabo invitó era descafeinado. Con el dos a cero en el tanteador, Kezman era la mayor amenaza del Deportivo. El desenlace tuvo final feliz, a medias. Duscher se sacó un pase de gol de la chistera, Pandiani se quedó solo ante Mihailidis y cuando se le cerraban los espacios, regaló el gol a Luque. Está negado, pero no cegado. Ahora, a jugarse el futuro a Holanda. Todo por el gol de Vennegoor of Hesselink.