Federaciones olímpicas, al poder
Las federaciones olímpicas por fin serán lo que son y mañana nacerá la Confederación de Federaciones Deportivas Españolas. La formarán sólo las olímpicas. Hay que dar la bienvenida a esta Confederación, porque así se separa el grano de la paja y podrá ponerse fin al caos. Bien está que papá Estado, o sea Consejo Superior de Deportes, ampare a todos por igual -olímpicos, no olímpicos, paralímpicos, discapacitados, galgos, palomos-, pero como el Comité Olímpico Español tampoco es capaz de dejar fuera a nadie, las federaciones olímpicas no mandaban en ningún sitio.
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Han dicho hasta aquí hemos llegado y a partir de ahora van a pintar mucho como se conviertan en una sola voz. Hasta ahora, las autoridades superiores consideraban esa voz clandestina, porque salía de una cena que celebraban los presidentes olímpicos una vez al mes para cotillear y para tratar problemas comunes. Tampoco tenían otro foro donde hacerlo, pero en el Consejo, sobre todo en la época de Francisco Villar, se decía que eso era conspiración, y no andaba desacertado: los tiros iban por ahí pues cada vez que se nombraba un secretario de Estado para el Deporte era para peor.
Se crea la Confederación en un momento muy oportuno, a menos de dos meses vista de que Madrid presente su candidatura a los Juegos de 2012. Ahora podrán hacer fuerza si, como ha sucedido en ocasiones, se sienten ninguneadas. Como en el Comité Olímpico Español no podían decir nada, porque allí a poco que se descuiden manda más el presidente de espeleología que el de atletismo, pues se constituyen en confederación independiente para aunar esfuerzos en la resolución de sus problemas. No se han unido con ánimo belicoso ni conspirador, pero la fuerza que tienen ahora va a ser de aúpa.
